divendres, 11 de maig de 2007

RELATOS MOTEROS.



Existe una subliteratura alrededor del mundo de la moto, dentro de ella destacan algunos títulos que brillan con luz propia de los que no hablaré en ésta ocasión, pero existe también una literatura popular, anónima, de personas que en innumerables foros o revistas, nos narrán con mejor o peor fortuna sus experiencias...
Las hay divertidas, edificantes, absolutamente ingénuas y maravillosas, más elaboradas, de todo y para todos los gustos, en ésta comunicación me propongo recoger algunas de las que a mí personalmente me han causado una más honda impresión y agradecería a cualquiera me hiciera llegar aquellas que le han parecido interesantes, hermosas, etc.
La idea sería la de reunirlas, de manera que algún día, cuando te encuentres sentado con tus compañeros junto a un fuego, después de un día fantástico de ruta, naturaleza y diversión, puedas recordarlas, compartirlas...
Me gustaría empezar con ésta:


“La alegría de vivir” o "Mi primera vez".

per Neko:

Hoy ha sido mi primera vez. La primera vez en mi vida que me he subido a una moto. La primera vez que me he subido y me he dejado llevar, y que bonito es dejarse llevar, que alegria sentir el viento en tu cara y la alegría de un motor y una montura que casi se funde contigo. No vas en un vehículo a motor que se mueve, te mueves tú. Y es una gran diferencia.
Que hermosa sensación sentirse sentado a horcajadas en una superficie que abarcas, que rodeas con tus piernas y que te lleva encima, como si fuese un animal. Parece la grupa de un caballo y la sientes así, viva, a punto de relinchar, dar un resoplido y tras ponerse sobre sus cuartos traseros empezar a galopar. Siempre había oido hablar del rollo vaquero transmutado al rollo motero, nunca me lo creí. Pero nunca había montado en moto. Ahora sé que es verdad. Uno se siente libre. Da igual que vayas a 20 por hora dando vueltas como un idiota a un recintro rectangular, eres libre, cada movimiento que haces lo entiende tu montura y reacciona a él, cada giro cambia la perspectiva del paisaje que te rodea, cada sensación del camino la moto te la hace sentir, te cuenta lo que vé. Ahora sé por que le llaman la burra.
Había visto Easy Rider y francamente me parecía un tostón, y ese rollo de pelos al viento, sonrisa en la cara y expresión permanente de 'me estoy comiendo la carretera' me parecia un rollo macarronico y una horterada. Pero nunca había montado en moto. Ahora sé que es verdad, sentir el viento en la cara, la brisa peinando tu pelo en direcciones caoticas que se reinventan una y otra vez, las manos en el manillar abarcando toda la inmensidad como si abrazases el mundo, te sientes vivo. La moto te da alegría de vivir. Ahora sé por qué ir en moto engancha y cual es la diferencia con cualquier otro vehículo. La moto no se conduce, la moto te lleva. En la moto no se viaja, en la moto se disfruta. Sólamente he tenido una sensación parecida navegando en un velero entre el viento y el mar.
Y es que esa es la verdadera razón por la que tener una moto es tener un poquito más de libertad y conquistar un pedacito más de uno mismo, de nuestro auténtico yo. El que nos hace sentir vivos y nos recuerda que vivir es divertido, que ser feliz es facil. Las pequeñas grandes cosas que nunca se olvidan.
Hoy, mientras daba vueltas estupidamente feliz alrededor de un cuadrado, entre camiones en practicas absurdas de pericia y control, yo me sentia por encima de todo, libre, contento y no quería nada más, no quería bajar nunca de esa grupa que me llevaba a través del viento en circulos concéntricos de endorfinas y felicidad [la moto era plateada, asi que se puede decir que era el plateado corcel de mi cuento de hadas particular]. Mientras mi felicidad amenazaba con abstraerme de la realidad, se puso a llover a cántaros y casi a la vez me sacaron de esa máquina maravillosa para dejarsela a un tipo que tenia que hacer un examen. Fue una espera angustiosa deseando más, un trocito más de cielo. Fue quizá poco tiempo pero pasó muchisimo tiempo. Cuando al fin volvió la plateada burra a esperarme otra vez, llovía a mares.
Y ahí estaba yo, en manga corta, empapándome bajo la lluvia y mirando la hermosa silueta de mi compañera de viajes oníricos por los límites de la felicidad. Y allí también estaba mi coche con la promesa del cobijo seco y seguro, la comodidad del mullidito sillón, el calor del aire y la cotidiana sonoridad de la radio. Y yo acariciando el sillón empapado de mi compañera de emociones, intentando vanamente liberarle del azote del agua sin importarme para nada el coche, la lluvia o el mundo alrededor. Y sí, queridos amigos, me senté en el sillín empapado por la lluvia, hundiendo mis posaderas en un oceano de lluvia sobre lecho de cuero. Vuelta a la llave, contacto, acelerado y empieza el suave ronroneo que se funde con la lluvia para crear música de excitación. Y ahí me tenéis dando vueltas estúpidamente feliz alrededor de un cuadrado bajo una lluvia de verano. Y era absolutamente feliz. No quería que nada ni nadie me arrancase de ahí.
Me sentía como cuando era pequeño y chapoteaba en los charcos embriagado por una felicidad incomprensible pero sin fin. Y es que de eso se trata, queridos moteros, no hace falta comprender la felicidad solo hace falta sentirla y cuando es emocional y física no atiende a razones, simplemente es narcotizante, como el nitrógeno a alta presión. Alegría incontenible en plena erupción. Da igual que sea una estupidez saltar en un charco y empaparse los pies y los pantalones, da igual porque es enormemente divertido y de eso se trata, de divertirse. De ser como un niño, impermeable a la correción social y a la razón, inundado de pasión. La moto te da eso, pasión y libertad. Estamos contentos dando vueltas en moto empapados bajo la lluvia porque es divertido, porque nos divierte mojarnos y sentir la lluvia caer y las gotas dibujar el asfalto al ritmo que refrescan nuestra piel. Es divertido saltar bajo la lluvia de charco en charco! es divertido rodar bajo la lluvia de lado a lado!
Hoy ha sido mi primera vez e igual que todas las primeras veces ha sido irrepetible e inolvidable. Como el primer beso, sé que vendrán más, y éstos serán más intensos, con lengua más activa y experimentada, a señoras más hermosas y con mayor pericia bucal, en lugares más románticos o más pasionales, con mayores jadeos y calenturas, pero como el primer beso no habrá ningún otro, ese primer beso nunca lo olvidaré aunque ya haya olvidado muchos otros que despues he saborado. Tampoco mi primera vez en moto la olvidaré, pero he querido dejar constancia escrita de ello para que no olvide las sensaciones del momento cuando éstas adquieran diferente color con la distancia...
definitivamente, amo las motos!!

Tret del foro Yamaha SRL
“Necesito Volar”
Dr. Infierno de BMWmotos

Necesito volar… De vez en cuando, periódicamente, necesito volar… Suele sucederme cuando ya noto demasiado peso sobre mí. Es el polvo que se levanta en cada una de mis pisadas, que no se disipa y se queda adherido a mi piel, formando costras, cada vez más gruesas. El polvo de la rutina, el de las pequeñas mezquindades diarias… El polvo de mis anhelos, frustraciones e inseguridades. El de mis complejos y mis desamores. También el de mis culpas… Ese maldito polvo de la vida diaria, invisible, pero omnipresente… El que, poco a poco, casi sin darme cuenta, hace que mi alma se vaya encorvando y mi paso se torne cansino… Cuando me doy cuenta de que no puedo levantar la mirada del suelo, es cuando soy consciente de que necesito volar. Despegar de mis problemas... De mis responsabilidades…De mis agobios… Es solo por poco tiempo, pero suficiente para que se desprenda todo el polvo acumulado y me permita, de nuevo, afrontar las pequeñas cosas de todos los días, con una ilusión renovada.
Ya cuando me estoy preparando, mi mente se va desconectando de sus lastres… Con mimo, me coloco cada pieza de mi indumentaria: las botas, el traje, los guantes… Y con ellas, siento como van cayendo al suelo, una a una, las cadenas que me atenazan. Ya sobre la moto, cuando me coloco el casco, se apagan los últimos malos ecos del día y un silencio íntimo me envuelve. Miro al manillar; deslizo mis manos sobre los puños y arranco el motor. A cada golpe de gas, siento el balanceo y el ronco rugido entre mis piernas… En ese momento mágico, todos los poros de mi cuerpo comienzan a rezumar libertad. Siento, en los pulmones, como se ensancha mi alma.... Y clavo la vista en el horizonte.
La carretera es también un camino marcado… Como la vida, es una línea que hay que seguir. Pero me emborracha el placer de ir a mi aire… sin que nadie me exija nada. Por eso las elijo solitarias. Curvas enlazadas que insinúen la belleza del movimiento.
Me gusta despegar suave, dejando ir la moto. Con la visera levantada, siento el aire de la vida sobre mi cara… Caliento neumáticos dejándome caer, a uno y otro lado, con plegadas de vals acompasadas, en las que mantengo durante unos momentos, la nota musical arriba, antes de hacer cada picado, como hacen los halcones… Hasta que siento que, moto y yo, somos solo uno. Entonces se que estoy preparado…. Cierro la visera y en mis oídos comienzan a resonar las notas poderosas de una orquesta sinfónica, con cuyo crescendo, voy levantando el vuelo hasta alcanzar el “ritmo”. Es un limbo sin brusquedades. El “continuum” de un planeo armónico… como un pájaro en libertad.
Cuando regreso a casa, mi alma está sosegada. Siento como la paz corre por todas mis venas y mi piel está limpia, de nuevo, del polvo de la vida… Y es que necesito volar… De vez en cuando, periódicamente, necesito volar…


ELS ENSENYAMENTS DEL VM MESTRE TC.
Terraxaman.




Vaig conèixer al Molt Venerable Mestre TC, fa ja alguns anys, amb motiu d'un viatge al Japó, acompanyant a un “equipillo” de enduro de la comarca que per aquell temps competia amb certa dignitat, en el campionat del món de TT. Com jo era – i sóc - un paquet amb la moto, vaig anar de corresponsal “free lanze”, és a dir jo m'ho pagava tot, però podria encarregar-me de les “fotillas”, d'intèrpret d'anglès, de les relacions públiques, de noi dels encàrrecs, de dur els pneumàtics, de “apreta per aquí, subjecta per allà”, etc.
Ah! i d'escriure una "croniquilla" per al diari local de Tocaelscollons al Marquès..., però això sí, podria compartir la cambra de l'hotel “baratillo” amb ells...i si havia "farra"... doncs un més...
El campionat japonès va ser un desastre de resultats esportius, però també econòmics, ens va costar un “ou i el rovell de l'altre” però allà vàrem estar, passejant amb orgull “la barretina i les quatre botifarres” –signes d'identitat pàtria en el nostre cas- per aquests mons de Déu.
No, no us preocupeu, no us narraré les peripècies d'aquella infausta campanya per les terres del Sol Naixent, n’hi haurà prou amb dir-vos que en la classificació final per punts vàrem quedar en 27ª posició, dels 38 equips inscrits, podia haver estat pitjor, oi?... Però d'aquells meravellosos dies va quedar la llavor d'una amistat profunda amb el flamant campió de motocròs de 250, que avui és el Mestre TC, i que curiosament, corria amb una Ossa i no amb una japonesa, això vindria després...
TC va marcar una fita en la història del Motocròs japonès, encara que a Europa no fos gens conegut, i m'atreviria a dir mundial, els seus salts en carrera eren espectaculars, he de recordar-vos que en aquells dies, encara no s'havia inventat el free style que avui omple els pavellons de tantes ciutats.
Els seus exercicis d'entrenament increïbles, peculiars i inimitables...
Va ser una sorpresa per a la meva part, descobrir que a més d'un portentós i sense igual campió, que tingueu per segur hagués pogut ser-ho del món, era a més un jovenet Mestre Zen de la Secta Rianzai.
L'aventura de la competició a la qual es va lliurar sense reserves des de l'adolescència, seguint instruccions dels seu superiors que el van utilitzar descaradament amb l'objecte de recaptar diners per al seu ordre, se li acabaria només una parell d'anys després, una vegada aconseguits els millors resultats que es podien obtenir en el continent asiàtic, ja que es retiraria, menyspreant ofertes suculentes de totes les marques japoneses i d’algunes d'europees que li van oferir fantàstics contractes per donar el pas al nivell internacional, fins i tot li van plantejar participar en les primeres edicions del ja llegendari París Dakar, a tot això, com vinc dient, va renunciar per a dedicar-se a la seva veritable vocació, recloure's en el seu monestir, cuidar de Koan un tigre de bengala d'uns 200 Kg.
I de la seva família 5 tigres més, i per sobre de tot, transmetre i ensenyar tot el que la vida i la moto li havien ensenyat, a aquell que vulgui escoltar-li.
La primera vegada que em vaig reunir amb ell, en el seu temple “La Pagoda d'Or”, vàrem parlar de tot, especialment de carreres, de TT, de Motocròs, del Trial que començava a ser conegut a Japó, ... però el que de debò em va fascinar llavors i em segueix fascinant encara, va ser la seva molt especial manera d'entendre el món i en particular tot el que tenia a veure amb l'anar amb moto.
Parlarem moltes vegades més en aquells dies, i des de llavors, sempre que puc –molt de tant en tant, és veritat - vaig a veure’l a diverses parts del món, allà on el destí –o la voluntat dels seus superiors el duu en la seva tasca.
Anys més tard, preferia dur-nos a donar una volteta pels voltants de Kyoto, de Lhassa, de Bankog, Seül, o on fora que residís en aquells dies, amb la seva rutilant Dominator que conservava sempre en perfecte estat, regal de la casa Honda, com present per l'únic títol continental asiàtic aconseguit per a ells, fins a aquell moment.
Encara que no van assolir que seguís corrent, el “regal”, un autèntic privilegi per a un monjo, li permetria, amb el pas dels anys, disposar d'un vehicle propi i seguir practicant la seva afició de joventut.
M'agradaria parlar-vos de la seva vida, de la seva infància i joventut, dels seus llocs i del seu aprenentatge com monjo budista allà al Vietnam, del seu coratge en la defensa dels drets humans, i del seu profund amor per la naturalesa, de la seva sincera i corresposta amistat amb els tigres i, sobretot de les seves fites amb moto per escenaris increïbles ja lluny dels circuits que l’han convertit en una llegenda viva, allà en el sud-est asiàtic.
Afortunadament, moltes d'aquestes fetes, les guardo per escrit i ben documentades, doncs al llarg de dècades he anat acumulant un notable material, tot esperant per a ser contat quan es presenti l'ocasió.
Però avui benvolguts companys vull limitar-me a reproduir algunes de les belles paraules que em va dirigir en una d'aquelles primeres cites de la meva joventut i que atresoro en la meva memòria...
Aquesta part del text que correspon a les notes que vaig prendre en aquells moments, està en castellà, doncs són la traducció directa del seu anglès gairebé tan imperfecte com el meu... us demano disculpes però de ben segur que en gaudireu...

El Zen de ir en moto
no se aprende...se SIENTE...

El Zen de ir en moto
es vivir nuestra verdad interior,
en cada instante de nuestra ruta
expresada en la precisa y adecuada
acción en la conducción,
armónica con la vibración del universo.

El Zen de ir en moto
es sentir que nuestra
realidad interna vital,
no es otra cosa sino
la expresión aquí y ahora,
de la existencia de un todo
Universal, vibrátil,
del que somos parte esencial
e insustituible en su expresión...

El Zen de ir en moto
significa saber que todo aquel
que se pretende un conductor agresivo,
dominador, al que gusta exhibirse,
pone a todas las cosas,
y en especial a sí mismo, en peligro.

El Zen de ir en moto
es comprender que se produce
un daño irreparable en los demás,
si se les impele a una maniobra
inadecuada y forzada.

El Zen de ir en moto
implica comprender
que hay que actuar
siempredentro de los límites
de nuestra naturaleza;
Y no más allá de ella.
Quien intenta moldear el sendero,
según su conveniencia
difícilmente lo logrará;
el Zen de ir en moto,
consiste en sentir el camino
y adaptarse plenamente
a sus variaciones.
El Zen de ir en moto
es aceptar tácitamente
el camino tal como es y como viene,
esperando el tiempo adecuado,
el momento oportuno
para el disfrute
y la realización de cada cosa,
cuando alcanza su plena madurez.

El Zen de ir en moto
es saber que al igual que el niño
se funde en las cosas que le rodean,
así debemos nosotros
acompañarlas en su fluir vital.

El motorista que sigue el Zen,
sabe que para alcanzar la meta,
primero hay que entrar
en el mundo de la “no-conducción”.
El Zen de ir en moto,
es comprender que la “No conducción”
es el punto central
en el que el SER y el CONOCER,
se vuelven uno.

El Zen de ir en moto
es reconocer que el motorista perfecto
es aquel que realiza sus viajes
sin ningún curso de acción premeditada,
preconcebida, y sin ningún tabú;
simplemente decide lo que
es correcto hacer
en el momento preciso.

El Zen de Ir en moto
es saber que la tarea
más importante del motorista,
es coadyuvar a mantener
el mundo en perfecto equilibrio...

El Zen de ir en moto,
implica entender en la propia piel
que el destino de la Humanidad,
es la búsqueda de su unión
con lo Insustancial y Eterno.

El Zen de Ir en moto
puede sentirse como el espíritu
del eterno Cambio cósmico...


"Historia de un pique"
por Javi VFR



A principios de los 70 rondaba yo los 4O años, así que si sacas cuentas, podrás averiguar mi edad. Si eres de los que piensan que la moto es patrimonio solo de veinteañeros, estás terriblemente equivocado, aunque también puede ser que algún día una CBR 900 negra (Fire Blade, por supuesto) te mande un par de aceleradas en el oído, o que en algún bar al costado de la ruta repares en algún anciano de pelo muy largo y canoso que desde un rincón de la barra, enfundado en su Garibaldi blanco, parezca conversar con su Nolan y un café siempre muy largo, sin prestar aparente atención a la conversación de los demás.

A veces me verás sonreír, tal vez alguna fantaseada que el estirado de turno está endilgando a sus colegas, o probablemente algún retazo del pasado que en aquel momento viene a buscarme. Si estás solo y buscas conversación, adelante, siempre estoy dispuesto a compartir un café (siempre muy largo) pero te advierto: soy peligroso, uno de los inconvenientes de mi edad es que los recuerdos y las anécdotas se agolpan en el archivo y pugnan como endemoniados por salir, así que cuando me tiran de la lengua o del procesador de textos, no se sabe nunca cómo va a acabar la cosa. Y es justamente lo que me está pasando en estos momentos.

Ah, si, estábamos a principios de los 70. Después de 3 noviazgos fracasados mi situación sentimental era de paro forzoso, no así en el plan laboral, pues el sueldecito de la fabrica me permitía ir tirando, los amoríos que sí me habían ido bien, desde que a los 14 años me desvirgó una Guzzi, la Aleu, dos Montesas y la Ossa actual. Ahora, rozando la cuarentena mi vida parecía estar a punto de dar un vuelco, acababa de conocer a Cuqui.

Cuqui era quince años menor que yo, hija de un empresario potente y con unas curvas espectaculares. Solo había un problema, Cuqui odiaba las motos, a lo que no le di importancia; un tipo como yo, que había pasado mas horas con un depósito en "las piernas que con una almohada bajo la cabeza, sabría valerme de la técnica y de los recursos necesarios para revertir ese odio en un incontrolable amor. Así que a principios de aquel verano le propuse un pasar un hermoso día en la playa, ella estuvo de acuerdo y le pareció adecuado el lugar. Claro que por entonces aún no existía la autopista, y para llegar allí había que pasar por las cuestas de Garraf, excitante carretera y entrañable amiga que yo consideré adecuada para mis planes: abrir los ojos de Cuqui a las inexplicables sensaciones de un relajado viaje en motocicleta, saboreando el sol, espíritu motero y la elegancia de la brisa marina acariciándole la piel. Al principio todo fue bien.

Con una conducción distendida y cien por cien turística empezarnos a enlazar los primeros tramos mientras mi pasajera iba ganando confianza poco a poco y empezaba a disfrutar del paisaje y la experiencia; sólo faltaba el violinista, querubines sembrando el asfalto de pétalos de rosa a nuestro paso y cupido enamorándonos con sus flechas impregnadas de amor.

Nuestro crucero era de unos 40 por hora en plan dominguero, como se acostumbraba a circular por aquel entonces detrás de los coches. Entonces aquellos monstruos rompieron el hechizo de aquel remanso de paz y ternura, y nos devolvieron al planeta "tierra motorista", cuando pasaron rozándonos aproximadamente a la velocidad de la luz... Zum... Zummm... ZumZum ...Zuuumm... Eran 8 o 9 motocicletas en perfecta formación de fila india y tan pegadas la una a la otra que mas bien parecían una única moto con un montón de ruedas y moteros encima.
Dos segundos después las vi perderse cuesta arriba en un increíble ballet sincronizado a la izquierda, aceleración, destello de piloto trasero, y giro a la derecha. Noté un estremecimiento en las manos de Cuqui que apretaron con fuerza las costuras de mi chaqueta a la altura de los riñones. Volví mi rostro hacia ella sonriendo y seguí inmutable a nuestra velocidad de paseo; afortunadamente, al cabo de un rato noté que se relajaba otra vez.

Unos quince minutos después, a la salida de una curva volvimos a verlas, se habían detenido en una pequeña explanada a la derecha del asfalto y estaban contemplando la maravillosa vista que los acantilados y el mar les regalaban. Las matrículas de sus motos eran alemanas, y ellos también. Rubios, con cabellos lacios muy largos y barbas; solamente sus cascos eran ya un espectáculo, no se parecían nada a mi orinal de producción nacional, mas bien semejaban escafandras de astronautas, y las motos... Jamás había visto un espectáculo semejante. Sí había oído hablar de las japonesas, o había visto alguna fotografía, pero aquello... ruedas como de coche, carenados, semimanillares, frenos de disco y motores de 4 cilindros, increíble. Aminoré aún un poco más la marcha para poder deleitarme un segundo más con aquella visión, pero la felicidad es efímera y las sobrepasé enseguida, así que después de echarles un último vistazo de admiración y envidia a través del retrovisor, los perdí definitivamente de vista.

Tras cinco minutos más de excursión, y justo al encarar una de las pocas rectas del Garraf, los vi crecer vertiginosamente por el espejo, lo primero que me chocó fue que todos llevaban las luces encendidas, detalle que antes no había apreciado; lo segundo fue que en cuanto se me echó encima el primero, no me adelantó, sino que se quedó un momento pegadito a mí para rebasarme muy despacio mientras le echaba una ojeada a mi moto. El segundo hizo lo mismo, repasando de arriba abajo mi Ossa, mientras señalaba mi máquina y le hacía un gesto con la cabeza al que iba tercero, los demás repitieron la operación a medida que me adelantaban, y yo me sentí como un imbécil sin saber si debía saludarles, fingir indiferencia o mirar también sus monturas, hasta que detrás de una escafandra de astronauta le tapa a uno la boca y algo la nariz, pero los ojos no, y cuando uno se ríe, no lo hace sólo con los labios, no señor; los europeos con motos japonesas se ríen con la cara, y eso se nota por mucho casco integral que lleven, y aquel engreído, el último de la fila, se rió, no sé si de mí o de mi moto, pero se rió.

Compréndelo, fue superior a mí, no pude hacer nada para evitarlo. Además dio la casualidad de que aquella carretera era una vieja conocida de antiguas aventuras, dio la casualidad de que se me cruzaron los cables y dio la casualidad de que mi Ossa no era una Mike Andrews réplica de aquellas, sino una yankee 500, con motor 2 tiempos, twin paralelo, perdón, entonces se decía bicilíndrico vertical enfrentado al sentido de la marcha, y con más de 70 CV de los buenos.

Cuando todos los del grupo ya hubieron tenido la oportunidad de contemplarme como a un mono en una jaula, teniendo la delicadeza, al menos, de no tirarme cacahuetes, hicieron bramar sus motores y desaparecieron al final de la recta. Yo, invadido por la serenidad de las grandes ocasiones, me ajusté las gafas que hasta entonces había llevado sobre el clímax, respiré hondo un par de veces, reduje tres marchas y le di al mango como un hombre.

Les juro que una de las cosas que más lamento en mi vida es no haber podido ver la cara del capullo aquel, cuando vio que se le echaba encima el chirimbolo con ruedas del que se había reído un minuto antes, le quité el polvo del lateral izquierdo de su bonito carenado y en la misma operación, casi sin querer, decidí deshacerme también del que le precedía justo a la entrada de una curva en la que acababa de aparecer un 600 conducido por un caballero calvo al que los ojos le crecieron asombrosamente alcanzando en un segundo el tamaño de dos huevos duros, los dos siguientes fueron realmente fáciles, debo reconocerlo.
No se habían enterado aún de qué iba la misa y aproveché el tramo recto para enseñarles, cuando pasé al otro, que ya se había dado cuenta de la situación pero no pudo reaccionar, fue cuando empezó la fiesta de verdad, y los tres que iban delante de mí, después de un instante de estupor, varios titubeos, se agacharon sobre el depósito y empezaron a retorcer las orejas de sus japonesas.

Pero resulta que en la casa Ossa, además de fabricar estupendos proyectores cinematográficos, también entendían algo de motos, así que no fue muy difícil chuparle rueda al siguiente, claro que adelantarle era otra cosa, los otros dos que quedaban delante nos iban tomando algo de distancia, así que no debía perder mucho tiempo con el que iba tercero, porque corría el riesgo de perderlos, en esto estábamos cuando, ¡Oh! Dios existe: después de negociar una de derechos, nos encontramos una pequeña recta y, al final, una curva bien visible donde iban a cruzar el Renault Gordini al que deberíamos adelantar y el auto que venía hacia nosotros. El alemán dudó una décima de segundo, no podría pasar entre los dos vehículos, juntos. Un instante antes de ver iluminarse su luz de freno, yo ya había reducido una marcha y enroscado el puño del acelerador, y después de dejarle atrás, seguramente planteándose cambiar su Suzuki por una Torrot 49. Pasé entre el coche y el auto en pleno viraje creando el estilo que años después me copiaría descaradamente Ronaldinho para colarse entre los defensores del Compostela; y sin detenerme a pensar qué opinión tendrían de mi mamá el chofer y el dominguero, me lancé a la caza de los dos últimos modelos trofeos. Me costó mucho alcanzarles, los malditos iban deprisa, pero al final me puse a rueda. Iban separados unos 20 metros uno del otro, mejor.

Después de varios minutos sin que ocurriera nada mas que no fuera la insólita y rápida reducción del tamaño de las estriberas y el cromado de los escapes, llegué a su altura y lo mejor de mi vida fue aquel exterior, ¡qué trazada!, ¡qué finura!,¡qué aplomo y precisión! Dios mío si lo hubieras visto, arrasaría las votaciones para piloto del año. Le sorprendí totalmente, pues no se esperaba que nadie tuviese pelotas de adelantar en plena curva ciego por el carril de la izquierda, bordeando además el acantilado de más de 50 metros de caída libre. Cuando le estaba pasando me pareció que el casco iba a salírsele de la cabeza, seguramente a causa de que se le pusieron sus largos pelos de punta, la boca se le abrió tanto que la mandíbula le asomó por la parte inferior del integral, y sus ojos.
¡Oh, sí!, en plena maniobra tuve la cortesía de mirarle a la cara, el tamaño de sus ojos dejaban en ridículo a los del pobre conductor de la 750. Y ahí acabo todo. El que quedaba delante, simplemente se rindió. Lo había visto todo por el retrovisor y seguramente decidió que el sol de España, las discotecas de Sitges y el cálido abrazo de mamá cuando volviera a su país valían mas que la locura de seguir peleándose con el demente aquel y su extraño cachorro, que al parecer tenía la costumbre de zamparse 8 ó 9 japonesas antes de desayunar. Así que desenroscó cobarde y lastimosamente el mango y le dejé atrás seguramente meditando sobre los misterios insondables de la vida. Seguí un par de kilómetros más en solitario, dejando que allí detrás los vencidos se reagruparan en su humillante derrota y preparé mentalmente la entrega de premios.

Me detuve mas adelante al costado del camino y me bajé con rapidez de la moto y apoyándome en el depósito de combustible con aire de despreocupación, adopté mi posición, fingiendo contemplar relajadamente el paisaje, como ellos habían hecho antes. Fue entonces cuando reparé en ella, ¡¡Cuqui!!, me había olvidado completamente que llevaba a mi posible novia como paquete. Estaba entumecida, tiesa como una chasis de doble viga de aluminio, blanca como el carenado de Cardús en los duros tiempos de crisis "sponsoril" y la mirada perdida en el infinito, sentada sobre la Yankee con los brazos doblados y las manos agarrotadas en actitud de agarrarse aún a mi chaqueta como si yo aún estuviese allí.
Efectivamente, parecía que eso de las motos no era lo suyo. Les oí llegar por la izquierda, decidí desentenderme un momento del problema y seguir con la pose de absoluta indiferencia, total serian un par de segundos necesario para que los vencidos se retiren, pero cuando aparecieron por la curva, redujeron la velocidad y se pararon todos ante mí. Algunos se quitaron el casco y me miraron con una mezcla de respeto, admiración y perplejidad.

El silencio se podía cortar con un cuchillo. En un momento puede cambiar la historia de la humanidad, un pequeño detalle puede dar un giro a la vida de cualquiera o a su futuro, una nimiedad puede hundir al más magno y solemne triunfador en los más míseros de las ruinas: justo en aquel glorioso momento Cuqui me vomitó encima. Y no creas que fue una pequeñez, no, fue un verdadero chaparrón que me dejó paralizado y cubierto de arriba abajo por una espesa macedonia multicolor. Se hizo de nuevo un silencio sepulcral, la estupefacción se dibujó en las caras de los alemanes, y a mí no se me ocurrió otra cosa que sonreír estúpidamente. Aquello ya fue demasiado.

De pronto sonó una estruendoso carcajada a la que siguieron siete más y aquello se convirtió en un manicomio. ¿Has visto alguna vez a alguien con un auténtico genuino ataque de risa?, pues prueba imaginarte ocho a la vez; es contagioso e imparable, no se puede hacer nada para detenerlo y a mí también me dio cuando Cuqui, que afortunadamente no llevaba ningún hacha, me soltó un tremendo sopapo y su mano quedó pegada en mi mejilla. En lugar de un enérgico ipaf! sonó un impresentable ichop! y, claro, no hizo el mismo efecto, desencadenando un agravamiento general del ataque de risa que provocó la huida de Cuqui, que se alejó, corriendo carretera arriba, agitando los brazos en alto y aullando como una sirena de una fábrica a la hora de salida.

Entonces, a uno de ellos le flaquearon las piernas por los espasmos de la risa y cayo con la moto como un saco de patatas, otro lloraba a carcajadas golpeando el deposito de su Kawasaki mientras un compañero, que soltaba como unos hipos entrecortados, les decía a los demás que se estaba desmayando, al tiempo que el que había caído estaba revolcándose en el suelo en pleno ataque y otro pataleaba una señal de prohibido adelantar, entre síncopes carcajeantes. Así nos encontraron los de la Guardia Civil que, después de cinco minutos de intentos de averiguar qué rayos estaba pasando allí sin que nadie de los presentes les hiciera ningún caso ni viera capaz de otra cosa que contenerse el estómago, y respirar de vez en cuando.

Jamás volví a ver a Cuqui, se iría en auto a su casa, yo qué sé, los alemanes y yo acabamos con un porcentaje bastante elevado de las existencias cerveceras de Sitges, y anduvimos todo el verano juntos, intercambiando monturas y descubriendo parajes insólitos de nuestras carreteras costeras. Han pasado casi treinta años y nos seguimos viendo, dos veces por temporada, una en el G.P. de aquí y la otra es Elefantentrefíen, adonde, por supuesto, acudo con la mítica Ossa Yankee 500 que aún conservo y que allí es venerada por nueve ancianos decrépitos que, sentados sobre la nieve y al abrigo de un fuego, brindan por ella, y a los que en el momento mas insospechado, y para alarma de sus coronarías, hernias y artritis, les sobreviene un ataque de risa sin que nadie entienda porqué.

tret de BMWmotos.com








Ayer te ví.

Ayer te vi. Iba con mi reina por la calle, y te vi. Hace ya más de dos años que dejamos lo nuestro y se supone que no deberías importarme, pero al cruzarnos no pude evitar sentir en el estómago el mismo pellizco de aquella primera vez.
Pasaste junto a mi y no pude apartar mis ojos de ti. Se paró el tiempo y vinieron a mi mente miles de momentos que vivimos juntos. Jodidos felices recuerdos que intentaba mantener lejos de mi pensamiento, se han escapado al cruzarte en mi camino. Aquellas frías mañanas en las que sólo acercando nuestros cuerpos lográbamos entrar apenas en calor, los infinitos días de sol o de agua que juntos atravesamos como si de un eterno viaje se tratase, las suaves puestas de sol y las interminables noches repletas de sexo, alcohol y, porqué no decirlo, de amor. Fue demasiado tiempo y demasiado intenso como para poder olvidarlo. Amigos comunes y nuevas experiencias para los dos. Para ti y para mi, que lo descubrimos casi todo juntos. Ni siquiera necesitábamos hablar para saber lo que el otro sentía. Nunca tuvimos malos momentos, o al menos yo no los recuerdo, sólo vuelven a mi mente aquellos en los que, juntos, lo compartimos todo. Aquellos en los que tu cuerpo fue sólo para mi y yo todo tuyo. Mi antiguo amor. Es cierto, no tuvimos malos tiempos, sólo momentos duros y esos siempre los salvamos ayudándonos el uno al otro. Fiel amante y compañera, sabías esperar pacientemente una nueva oportunidad de fundirnos en uno sólo sin importarnos nada ni nadie.
Ahora paseas con otro y tu aspecto ya no es el mismo, desaliñada y mucho más descuidada pareces mayor, pero no has perdido tu gracia, ni el encanto de tu elegante caminar, tu estrecha cintura y curvas redondeadas siguen consiguiendo que muchos vuelvan la cabeza cuando pasas. Un furtivo rayo de sol devuelve un mágico reflejo en tu mirada que casi me ha hecho sentir celos. Cada parte de ti me recuerda algo maravilloso y cada milímetro de tu cuerpo me resulta tan familiar como la palma de la mano. Al fin y al cabo maduraste entre mis brazos y yo fui quien te convirtió en lo que hoy eres. Continuas tu camino con la mirada bien alta y casi me avergüenza recordar que fui yo quien te dejó por otra. No es que me arrepienta, ni que quiera volver atrás pero ¡ojalá hubiese podido conservarte!
La vida, algunas veces, te da una patada en los cojones y para abrazar una cosa tienes que soltar otra. A mi, no me ha ido mal, la nueva supo llenar enseguida el hueco que tu dejaste y con el tiempo he aprendido a quererla, al menos tanto como te quise a tí. Tiene un carácter muy fuerte y eso nos hace tener algún que otro pequeño problema de vez en cuando, pero ¿qué pareja no tiene alguna vez problemas? De todas formas, al verte hoy de nuevo he sabido que no me importa quien sea ahora tu dueño. Te querré siempre mi vieja MOTO. Mi antigua reina del asfalto. Mi primer amor.

Por Mateo. Biker Zone






“Sesión de Noche”

El reverendo
Tret de Club Xmax.

Es invierno, terminas la jornada por la tarde, ya completamente a oscuras, vas a por tu Xmax aparcada, quitas el bloqueo, abres el megacofre, pillas un casco, los guantes, te aprietas la chupa al cuello, la bajas del caballete y giras la llave a ON. Y entonces la maravilla: Ves el cuadro de relojes principal y el digital en un color rojo PERFECTO, inmejorable y rápidamente va haciendo el chequeo de los testigos, ahora agarras la manilla de freno trasero, un segundo y pulsas el arranque TUN TUN TUN.... Consigues esperar medio minuto a que caliente un poco.
Mientras miras el cuadro otra vez con ese rojo hipnotizante, y piensas ¡DE p**a MADRE! y sonries. Ya vas saliendo poco a poco hasta el primer cruce. Cuando te encuentras las luces del primer coche que viene por la izquierda, el instinto te dice en una décima de segundo "Que le den por culo, en esta salida tu eres ganador siempre..." Roscas hasta la mitad y TUN TUN TUNTUN, sales como un cohete tumbando para entrar en la nacional.
Lo siguiente que miras, es como las luces del coche se van quedando pequeñas en el retrovisor. El cuadro de fondo rojo te vuelve a hipnotizar, y ves que vas a 110 y acabas de salir. La temperatura ya está en el medio. Otro segundo que te sientes afortunado por ser el dueño de la montura (tu ego se ha empalmado hace rato). Te vas acercando a un coche por detras. Quitas gas y metes freno delantero: "FRRSSSSSSSS" , oyes frotar el disco en el silencio de la noche. Esperas al mínimo de gas detrás hasta que tus focos alumbran la discontinua, como un reflejo de toda la vida, notas el botoncillo del intermitente triscar bajo el pulgar de tu guante. Rosca a fondo, TUN TUN TUNTUNTUN, no hay coches por delante, y como eres como eres, simplemente estirasssss. Miras el cuadro y pasa de 120, te quedan quinientos metros hasta la entrada a la ronda autovía de la ciudad. Vas dejando caer la velocidad, intermitente derecho, hay un camión cisterna entrando lentamente. Aprietas el puto intermitente para cambiar a izquierdo, y tu ojo, como el de la naranja mecánica mira el retrovisor buscando un hueco entre los que vienen. Ya!!, rosca a fondo, cinco segundos y el camión es un recuerdo que se desvanece. Cinco segundos mas, sin aflojar... has pasado a varios coches, y ya vas solo delante, pones la larga, empiezas a notar mas ruido en casco y tienes las pantorrillas heladas.
Miras el reloj rojo: 140-150, y en la zona de la escombrera oyes el propio eco de tu motor ronco TOTOTOTOTO. Estas moviendo imperceptiblemente el casco con un ruido de la turbulencia, repetitivo, y al fondo de todo TU estás oyendo highway to hell, HIGHWAY TO HELL... ¿Que hostias estoy pensando, si no soy jevilón, no he tomado una p**a copa, y estoy volviendo a casa en un scooter?. Sueltas un poco de rosca, quitas la larga y pones el intermitente para la salida de siempre. TUN TUN TUN... las farolas de la intersección pasan cada vez mas lentamente, igual que tus pulsaciones, y despues de dos curvas te metes en el barrio como un ser normal... TUN TUN TUN..
Hay muchos días, que lo único bueno que tienen, son esos quince minutos de Xmax entre rutina y rutina, volviendo del curro a casa por el camino mas largo. Jejeje





"Kurvas Fonitas"

El otro día contaba esta anécdota a unos amigos en una salida matinal con la moto, y pensé que podría ser interesante ponerla en el foro, ya que considero que puede aportar alguna luz a los que empiezan y a los que también hace tiempo que empezaron.

Ha pasado tiempo ya de esta historia. Por aquel entonces yo era el feliz propietario de una motocicleta BMW R100GS Paris/Dakar roja y blanca totalmente equipada con suspensiones WP y muelles delanteros reforzados. Una maravilla de la técnica por ese entonces, ya que era el top de las GS's. En esa época de la juventud cuando la edad y la inconsciencia van unidas de la mano pensaba que era el rey de las carreteras reviradas, de las apuradas de frenada, de los arrastrones de cilindros y barras protectoras en las curvas, en fin un as de la conducción deportiva dominguera. Hasta que ocurrió algo muy curioso.

Un domingo de primavera como otro salí desde Barcelona con mi GS a ver un amigo motero que poseía un barco en la costera localidad de Sant Feliu de Guixols, y como no, aprovechando la ocasión fui hasta Tossa de Mar e hice la famosa carretera de la costa hasta Sant Feliu. (Para los que no conozcáis esa zona, os puedo decir que es una carretera bastante estrecha en la que apenas caben dos coches, con centenares de curvas, con unas panorámicas increíbles de la Costa Brava y un asfalto excelente, en fin un pequeño paraíso para quien le gusten este tipo de carreteras.). Visité a mi amigo, salimos a navegar, comimos y llego la hora de la partida.

Enfundado en mi mono arranqué mi moto y puse rumbo hacia la Ciudad Condal, deshaciendo el camino hecho, y con animo de bajar mi record en esa carretera, adelante a dos "Racingueros", con un interior que me impresionó hasta a mí mismo con solo deciros que en ese momento pensaba "A este paso en dos días se me queda pequeña la moto". ............ Y es justo aquí en donde empieza verdaderamente mi historia.

En un momento de relajamiento en la conducción, en mitad del trayecto, al mirar por el retrovisor apareció un foco pegado a mi cogote, pude adivinar que pertenecía a una BMW R100R, que me venia pisando los talones, eso sí, a una distancia prudencial, pero que no se despegaba de mí para nada. Elevé el ritmo de mi conducción para sacármela de encima, y cada vez que la controlaba por el retrovisor, allí estaba, pegada a mí, y esta última vez con el intermitente de la izquierda pidiéndome paso......... y zas!! , en un descuido ya se me había colado delante en la salida de una de las pocas curvas de radio ancho que tiene esta carretera. Era una motocicleta con matrícula alemana, conducida por un individuo delgado con una coleta de pelo grisáceo que le salía por la base de su casco, enfundado en su mono de cuero. Aun puedo recordar las letras de su matricula DD G. Justo allí empezó el "pique"; ¿"Cómo un guiri es capaz de adelantarme en esta carretera que encima me la conozco como la palma de mi mano?�, Así que decidí no darle cuartel, y que las cosas no iban a quedar de esa manera y me lancé a dar caza al ario. Su conducción era impresionante a la vez que ejemplar, la luz de freno no se encendía para nada, no pisaba una línea ni por casualidad, siempre en el centro de su carril a un ritmo infernal sin arriesgar nada, sus trazadas eran impecables con un estilo de conducción que rezumaba seguridad y experiencia por los cuatro costados sin apenas mover el cuerpo encima de la moto. Yo iba loco tras él y cegado por mi ansia de rebasarlo a toda costa. Si él entra yo entro, pensaba, no era capaz de seguir su ritmo y tomaba las curvas por el carril contrario, pisaba todas las líneas habidas y por haber entraba en las curvas pasado, las salía derrapando, hacia reducciones chapuceras y como quien dice me apoyaba con el pie en los guardarrailes para no salirme de la carretera, ya que hasta estuve a punto de saltar por el acantilado en un par de ocasiones................ Y el seguía distanciándose cada vez mas.

En un tramo de recta casi ya con tres cuartos de carretera hecha, al salir de una curva pude alcanzarlo y hacerle un adelantamiento al más puro estilo chapucero tipo Joe Bar Team, en continua, sin visibilidad, sin intermitentes, con cerrada final incluida y frenazo en sus narices, porque si no, me iba con moto incluida a pegarme un baño acantilado abajo. Abrí gas a fondo nuevamente y salí como alma que lleva el diablo con un estilo que se asemejaba mas a Mad-Max que a ninguna otra cosa. Mire por el retrovisor y -Victoriaaa!!!!!!, jejeje, me lo había sacado de encima, se había quedado atrás, ya lo había perdido de vista. jejeje mi supremacía había quedado patente.

Algunos minutos después llegaba a la población de Tossa, y paraba en la gasolinera de la salida para repostar. no más de medio minuto ya tenia a mi "competidor" allí mismo. Se paró a mi lado a también a repostar, y abriendo su casco BMW, apareció en el interior una "ABUELITA", os lo juro una mujer delgada que no debería de tener menos de 70 primaveras, y esbozando una inocente sonrisa y asintiendo con la cabeza me dijo "KURVAS FONITAS!!!!".

Me quedé perplejo y a la vez avergonzado. Pagué al empleado hice un furtivo y discreto saludo con la mano y me fui para casa a un cuarto de gas mientras recapacitaba sobre lo acontecido. Después de reflexionar en frío analicé lo que verdaderamente ocurrió y llegué a la conclusión que yo no tenía ni puñetera idea de conducir. El hecho de circular rápido, no significa que sepas conducir mejor. A esa mujer no la adelante jamás en la vida, fue ella la que se dejo que la adelantar, si yo la adelantaba y ella bajaba el ritmo yo no iba a correr tanto en cuanto la hubiera perdido de vista, en fin posiblemente me salvo de una caída segura, ya que yo estaba conduciendo muy por encima de mis posibilidades y si no, ¿Por qué en todo el recorrido, circuló a un ritmo mas rápido que el mío y no cometió absolutamente ni una infracción y yo las cometí todas en cambio, poniendo en peligro mi vida y la de los demás y sin mas, en una recta puedo darle caza y adelantarla?. Me lo estaba poniendo a tiro, era demasiado fácil y a la vez evidente.

Esta mujer me hizo comprender lo absurdo de los piques, de las velocidades aberrantes y me hizo cambiar mi filosofía de conducir la moto, me marcó la pauta en una lección de tan solo dos palabras: Curvas Bonitas. Desde ese día mi velocidad y la técnica la marca el tiempo y la experiencia adquirida con él, mi capacidad de ir por el centro de mi carril, con ser respetuoso con los adelantados y los adelantantes y ser más compresivo con los otros que también circulan por la carretera y no ir nunca por encima de nuestro límite ni de nuestras posibilidades y poder comprobar que aparte del asfalto, alrededor hay otras cosas bonitas e interesantes. No hay nada de malo en que te adelanten, lo importante es que vayas seguro a tu ritmo. Creo que esta es la clave de la buena conducción. Al menos a mí me ha servido.
De Viper
Club Triumph.

EL BUEN CAMINANTE NO DEJA HUELLA

Esta mañana me he fumao unos porros y se me ha ocurrido que habría que conocer mejor el cutrerío en carretera, es decir, analizar y delatar todas aquellas actitudes y maniobras que pueden ser tildadas de cutres o vulgares. No asumo mucha responsabilidad sobre lo que digo, ya que es buena la calidad que manejo. Perdónenme, por favor, quien se sienta ofendido, no pretendo eso. Nuestra afición es el mayor cúmulo de pijerío que uno pueda imaginarse, como todos sabemos, pero como es importante el saber estar en la vía, y no es lo más abundante ni en nuestro colectivo ni en el de los enlataos, exige una responsabilidad cuando vamos subidos a nuestros juguetes (sí, juguetes, aunque no es ningún juego, evidentemente). A modo de ejemplo, son vulgares los compañeros de viaje llorones que se quejan fácilmente a las primeras dificultades, los rapidillos , que se pegan demasiado al de delante (especialmente si vas en coche y el de delante es una moto, pero vale para todos) están ansiosos por adelantar, culebrean peligrosamente entre los demás y experimentan a velocidades en las que ponen la vida en peligro a todo el mundo (pero se sienten excelentes conductores, a veces lo son, pero completamente zumbados en la mayoría de los casos) ya que son suicidas y homicidas potenciales por razones más adolescentes que de hombre adulto, los tortugones que se las pasan hablando animadamente mientras arrastran un ejército de viandantes que esperan su oportunidad para adelantar, o simplemente van "a su ritmo", los listillos que irritan con sus maniobras sobre los demás, hacen pirulas constantemente sin tener la mínima conciencia del peligro que crean (a ellos no les parece así, pero es parte de su psicología), los pasotas que no señalizan los giros ni maniobras, se salen del carril sin darse cuenta, hacen todo tipo de cosas mientras conducen, van despistados fácilmente, etc,...Los torpes, que van con miedo, frenan en una recta sin saber por qué, dudan abúlicamente al tomar decisiones, y las lían a todo el mundo, librándose de todos los follones que han creado,...Los abuelos, que no tiene nada que ver con los años (es mental). Tienen una psicología compleja por la acumulación de experiencia: o se vuelven tortugones y torpes, o listillos y rapidillos, según los casos...Los jovencillos (tampoco es cuestión de edad), a los que les gustan las salidas espectaculares en los semáforos, los colores exagerados, el ruido, etc,...Los irritables, que se pasan poniendo a parir a todos los que cometen una infracción, y luego son ellos los que hacen exactamente lo mismo. Estos son fatales para sus parejas, que tienen que aguantar su falta de paciencia de niños, y no admiten ninguna crítica. También están los pimpollos potentados (muchos en bmw ) Van sobre megamotos, llevan hasta los calzoncillos de la marca de su moto, pero sólo salen en trayectos cortos, disfrutan más de ver su moto en el garaje que de ir sobre ella por una hermosa carretera aunque, oyéndolos hablar, parecen livingstone o indiana jones, casi únicamente hablan del material motero o de sus aventuras, exageradas exponencialmente. En fin, una abundante fauna de la vulgaridad, en la que he incurrido personalmente en muchas de sus variedades, confieso.
Tengo un ideal que, un poco en coña, voy a llamar EL CABALLERO MOTERO.
Es un personaje sobrio, silencioso y casi invisible, no llama la atención. Su mayor placer sobre una moto es SENTIR, su capacidad de atención se ha desarrollado con la experiencia, es gentil con los demás, sabe esperar pacientemente y adaptarse a la velocidad de la vía, ayuda cuando es necesario, no se entromete en nada, sabe pedir permiso y pedir perdón. Le encanta el aire en la cara y el cuerpo, los olores, el mero hecho de ir en moto a cualquier velocidad. No compiten jamás con nadie, tienen nociones de mecánica, no cambian habitualmente de montura, disfrutan más descubriendo un rincón desconocido o a alguien interesante en sus periplos que hablando de material motero, casi nadie los conoce porque la mayoría están en otro rollo de imaginería personal, pero son ejemplo para todos nosotros. De hecho, no hablan mucho del material que tienen o quieren, sino sólo de lo que sienten en su caminar por el mundo


LA KDD DE NAVIDAD
Terraxaman



La mañana amaneció soleada, después de tantos días de niebla, escarcha, heladas, se agradecía ver como el recién nacido invierno, nos deparaba un día radiante, luminoso y limpísimo...
Hoy era el día...Que locos, mira que montar una gran Kdd de los foros de Mototurisme y Adosrodes para la Noche de Navidad...
La propuesta había surgido medio en serio medio en broma, ya sabéis como es el simpatiquísimo Randy, seguro que ni el pensaba que nadie tomaría en serio su propuesta, pero como había ganas, otros tomaron el guante, y la bola empezó a crecer...
Steelman, Mckinley y GS1200red, Stromkel fueron los primeros, pero rápidamente una veintena de compañeros nos sumamos a la iniciativa, algunos tendrían que montárselo con grandes dificultades, atender a compromisos, o atravesar media península como Tonett y Rutilo, pero el entusiasmo, ya se sabe, es capaz de mover montañas... y al final, casi todos decidieron acudir...
El lugar escogido no podía ser más adecuado, La Fageda d’en Jordá, en la comarca Gironina de la Garrotxa, dentro del Parc Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa...
Aunque habitualmente, está terminantemente prohibido circular en vehículo a motor por esa zona superprotegida, alguien gracias a sus contactos con la autoridad y bajo la solemne promesa de que el grupo dejaría las cosas en perfecto estado y que ni se notaría que habíamos estado por allí, consiguió que los forestales, encargados de la custodia de aquel santuario natural, se fueran a comer los turrones con su familia en aquella noche tan especial...
Así, mientras unos – Anna, Gerard, Eli - se encargaban de preparar el corazón del bosque para que pudiéramos hacer una acampada lo más cómoda posible, otros, James Bond, QSC y yo mismo, bajámos hasta Barcelona, donde junto con otros compañeros de BCN, fuimos a buscar a los compañeros que hacían el esfuerzo de desplazarse desde tan lejos para no perderse el acontecimiento, a la Plaza Francesc Macià, a esperar a los que se incorporaban desde otros puntos de la península...mientras nos tomábamos unas bebidas en el pijísimo bar “La Oca”, donde niñatas de clase bien, lucían sus modelitos de Loewe, nosotros vestidos de romanos y con las motos cargadas, dábamos el contrapunto, asustando creo a la concurrencia habitual de la zona...
No fue larga la espera, con puntualidad casi suiza, todos los que se habían comprometido fueron apareciendo, algunos cansados después de cientos de Kms. Subidos en las motos, a pesar del frío y de la lluvia que por lo que parece tuvieron que sortear subiendo por Castellón.
Cuando los que estábamos allí, los reconocimos, hicimos sonar estruendosamente nuestras bocinas en señal de bienvenida...que de abrazos y de risas...Curiosamente, aunque algunos no nos conocíamos, la sensación de una larga y sólida amistad y confianza planeaba sobre todos nosotros...sellada a través de los extraños vínculos creados por esos aparatitos incomprensibles que nos permiten saltar las barreras del espacio-tiempo...fue un encuentro cálido y amistoso, como todos los que tendrían lugar a lo largo de las siguientes horas...
Al cabo de un buen rato, un impresionante grupo de motos, recorrió en perfecta formación la Diagonal, causando un profundo impacto en los pocos compradores que fueron capaces de salir de sus propias cabezas conmocionadas con tanto comprar...comprar... y comprar... Como no era cuestión de martirizar a nadie, cogimos la autopista A-7 en dirección a Girona, para tomar el desvío que nos llevaría hasta Banyoles y Olot, en donde nos esperaban Atramuntanat, Vendetta y Siono...Más abrazos, saludos y risas...pero por fin pudimos ponernos en camino...
Los que no conocéis ese pequeño, pero misterioso bosquecillo de hayas, deciros que es un lugar de ensueño, a ciertas horas del día, en determinadas estaciones, en función del juego de luces y sombras, ese bosque encantado cambia, se transmuta, incluso los que lo conocemos bien, por haber ido cientos de veces, solemos perdernos en alguna ocasión, sobre todo de noche, o en los frecuentes días en que la espesa niebla se apodera de él cubriéndolo, más si cabe, de un manto de misterio impenetrable
Los esforzados compañeros que des de por la mañana estaban preparando el escenario, habían conseguido, con pocos medios crear un espacio sumamente acogedor, en torno a un gran círculo de piedras de unos 4 metros de diámetro, habían reunido una notable cantidad de ramas y troncos caídos que constituirían la reserva de luz y calor, necesarias para pasar la noche en nuestros sacos, alrededor del fuego. Colgados de las ramas unos ligeros toldos de plástico multicolores, nos proporcionarían relativa protección ante la previsible escarcha de la madrugada, en lugares estratégicos, algo alejados un par de mesas, con utensilios de comida, vasos de plástico, platos de papel, un par de neveras de camping con bebidas, unos grandes sacos con barras de pan... en fín todo aquello que pudiera hacernos la noche más cómoda, dentro de lo posible...
Cuando la comitiva procedente de Girona, llegó al espacioso aparcamiento que hay en las afueras de la Fageda, Stelvio, Pere BMW, Josey Wales y otros más ya estabán esperándonos y junto con los que se habían currao el montaje, después de los saludos, decidieron llevarnos a dar un rulito por la zona volcánica:
Como podéis ver la Garrotxa parece sacada de una de las obras de JRR.Tolkien, siempre me ha recordado un poco a Hobbitown, es de una belleza realmente extraordinaria. Algunos que dsponíamos de trails, hicimos unas pocas y fáciles pistillas para ver alguno de los volcanes y observar las “graderas”, los depósitos de lava resultado de las sucesivas erupciones a lo largo de miles de años..., mientras otros se dirigían hacia el pueblecito de Santa Pau, donde teníamos previsto comer.
Y así, todos juntos nos fuimos a comer, ya un poco tarde en un restaurante de Santa Pau, un pueblecito típico, con un nombre muy adecuado para dicha noche...
Cuando ya anochecía el grupo se dirigió de nuevo hacia el bosquecillo en que deberíamos pasar la noche.
Al llegar, a la entrada del bosque, ya con las últimas luces, todos éramos conscientes de que participábamos en una experiencia excepcional, Steelman, se subió a un pequeño promontorio que hay a la derecha de la entrada y nos leyó el siguiente poema de Joan Maragall, que figura allí grabado en piedra, como advertencia a todos los que osan entrar en aquel lugar:

“Sabes donde está, la Fageda d’en Jordá?
Si vas cerca de Olot, arriba del llano,
Encontrarás un lugar verde y profundo
Como ningún otro hayas encontrado en el mundo:
Un verde como de aguas adentro, profundo y claro;
El verde de la Fageda d’en Jordá.
El caminante, cuando entra en éste lugar,
Empieza a caminar poco a poco,
Cuenta sus pasos en la gran quietud,
Se para, no oye nada, y se encuentra perdido,
Le posee un dulce olvido del mundo,
En el silencio de aquel lugar profundo,
Y no piensa en salir, o piensa en vano,
Se haya preso en la Fageda d’en Jordá,
Prisionero del Silencio y la Verdor...
Oh!, compañía...! Oh!, liberadora prisión...!”

sin que nadie nos lo dijera, todos adoptamos una actitud de respeto, e iniciamos la marcha, con los motores casi al ralentí, sin acelerones, ni derrapadas y en absoluto silencio, el grupo de veintitantas motos, atravesó sin perturbar demasiado el entorno, los pocos kms. Que nos sería dado recorrer por el interior de la Fageda...
Fue una cabalgada solemne, me recordaba aquellos momentos de las pelis americanas en que se asiste a un entierro vikingo..., el barco envuelto en llamas que arrastrado por la marea va hacia el horizonte, mientras los amigos del fallecido observan callados y sobrecogidos, confiando en que el compañero a conseguido al fin llegar al deseado Wahalla...Creo que todos compartimos una sensación semejante en aquellos mágicos instantes, en medio de aquellos troncos esbeltos, de aquellas ramas, ya sin hojas, de aquel suelo tamizado con miles de pétalos crujientes que al ser aplastados por las ruedas de nuestras monturas, producían un sonido de gran belleza...grave, ceremonial...
No recuerdo una sola voz altisonante, una risa, un comentario...solo el rugir moderado de los motores, el crujir de las hojas y la fragancia de una brisa suave que acariciaba nuestros rostros, despertando nuestros sentidos con total intensidad...Tenía una extraña –ridícula?- premonición, de que por muchos años y KDD’s a las que pudiera ir en el futuro, ESA ERA la KDD a la que toda mi vida había aspirado a poder ir...
Cuando aparcamos en el corazón del bosque, iluminados ya por el fulgor incontenible de unas grandes llamas que los compañeros habían encendido con suma precaución y conforme íbamos bajando de las motos, descargando los bártulos, etc., las palabras y las risas, los saludos, las emociones contenidas durante los minutos de nuestro paseo, explotaron y como la marea que rompe las compuertas que la retenían amordazándola, el bosque se llenó de risas, de chillidos, de expresiones de alegría y camaradería, como una cálida bola de fuego que lo recorrió de una a otra punta, despertando a los pájaros que se adormecían en las ramas, a los feos sapos que se escondían entre las piedras y a todos los bichos vivientes que en aquel lugar maravilloso tenían su habitual refugio...
Que deciros..., ya lo sabéis..., la calidad humana..., la armonía..., el “buen rollo”..., compartir..., intercambiar..., sentir...sentir...sentir...todo ellos se produjo, sí... quizás multiplicado por la influencia del entorno en aquel día tan señalado
La noche fue cayendo, todos reunidos por afinidades extrañas e impensables, en pequeños o numerosos grupos, poco a poco, cantando villancicos –hombre era Navidad, no?!-, bailando a la horrible música de los Village People, o de ABBA, explicando mil y una batallas increíbles, eh, ZAX?, ya te vale, lo de los Bereberes camino de Tamanrased, fue una pasada, o tu Bravo!, o lo del Buurukatalà, puf!, eso no se lo cree ni dios...pero bueno, podía ser de otra forma?...
A las doce de la noche, Anna, Julia i Eli, nos propusieron un juego...se estaba tan bien, teníamos tantas ganas de alargar eternamente aquella sensación de bienestar y compañerismo...querían que nos sentáramos en círculo cogidos de las manos y en silencio, sólo durante unos minutos, para enviar a todos los compañeros que no habían podido venir por diferentes motivos, y en general a todo el mundo, nuestros deseos de Paz, Amor y Felicidad...
Hubo protestas, comentarios para todos los gustos, del tipo: “Vaya chorrada!, con lo bien que se está aquí tirado!”, argumentaba Perxing, David 973, se atrevió a hacer algún comentario de libidinoso, Xavitiger argumentó no se que sobre la naturaleza humana y de las cosas, pero poco a poco, todos fuimos moviéndonos y dando nuestras manos a los compañeros/as que teníamos alrededor, creo que fué Albert quien puso en marcha un CD con el “Imagine” de Lenon, que en aquel momento tuvo el efecto catalizador de reunirnos a todos, escuchando ese mensaje que aunque sobado, comercializado, un tanto cursi, puede tocar profundamente nuestras fibras cuando nos dejamos envolver por aquellas palabras... Imagina...Imagina...
Las llamas se habían convertido en brasas, la brillante luz amarilla se había teñido de un rojo profundo, el bosque danzaba a nuestro alrededor produciendo un efecto irreal, casi caleidoscópico...un beatífico silencio lo llenaba todo...una paz majestuosa se desprendía de la bóveda celeste para albergarse en nuestros corazones, todos nos sentíamos en una comunión inexpresable, entre nosotros, con el círculo de cariño y afecto que nos rodeaba, pero, incluso mucho más allá, nuestras familias y amigos, compañeros del foro que no estaban físicamente presentes, de alguna inexplicable manera, también estaban allí..., en aquel claro, en el corazón de la Fageda....
Fué Carles el primero en percibir el cambio, alzó la cabeza y en un tono de voz muy suave pronunció unas palabras que tuvieron la virtud de erizar los pelos de mi nuca: “Mirad, allí!”, mientras señalaba un pequeño resplandor verde dorado justo allí, donde se acababa el círculo de luz y empezaba la oscuridad circundante...
Como accionadas por un mecanismo todas nuestras cabezas se volvieron hacia el lugar señalado...Los ojos desenfocados de todos, empezaron a captar una imagen que primero era algo caótica y confusa, pero que poco a poco, fue tomando forma y claridad... Surgida de las tinieblas de la noche, una niña pequeña, diríase que de unos seis o siete años, se hallaba allí, de pié, descalza, engalanada con un traje hecho de hojas secas, brezo, musgo que apenas tapaban su honestísima desnudez, una corona de muérdago sobresalía entre sus desmelenadas greñas, algo de barro cubría su cara, sus piernecitas y sus brazos, también descubiertos...Unos ojos oscuros, potentes, enormes, refulgían con ternura, mientras sus blancos dientes dibujaban una sonrisa de pureza e inocencia sin igual...
Un Ooooooohhhh! Admirativo se escapó de nuestras gargantas, algunos como movidos por un resorte nos pusimos en pié, otros rápidamente tomaron cuanto tenían al alcance para cubrirla y protegerla de lo que suponíamos sería un frío insoportable...
Pero ella, moviendo una manita con gesto dulce y tapándose la boquita con la otra, rompió a reír, con un sonido de millones de alegres cascabeles... Una veintena de rudos motoristas, hechizados al instante por aquella risita maravillosa,... algunos reían, ...otros llorábamos, los más... luchaban por contener esa emoción que se agolpa en la garganta incontenible...
Pasados unos segundos, la niñita dijo con voz infantil, pero perfectamente clara y audible para todos:
“Tranquilizaos, estoy bien, no tengo frío, no me he perdido, esta es mi casa y con un movimiento del bracito recorrió todo el bosque...”
Como flotando en el aire, la niñita dio unos pasos en dirección a la gran fogata, mientras los compañeros se apartaban para hacerle un respetuoso espacio y la rodeaban con incredulidad.
Cuando la pequeña se encontró a un metro y medio escaso de las piedras que marcaban el perímetro de la fogata se detuvo, y con un grácil movimiento se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y las manos en el regazo, levantó su preciosa cabecita y nos dedicó la sonrisa más amable y cariñosa que he visto en mi vida...
Como en un raptus incontrolable, lujoisla que se hallaba a escasos centímetros de la niña, se acuclilló y le acarició el rostro, mientras una gruesa lágrima corría por sus mejillas, lo mismo hizo Bultaco 11 y vimos claramente como su pecho subía y bajaba acelerado, intentando controlar una emoción irreprimible, otros los imitamos con idéntico resultado y no menor asombro, aquella piel tenía el tacto y el olor de la tierra húmeda, como el de una tarde de verano después de un fuerte aguacero...
Cuando la riada de curiosos tocones remitió un tanto, la niñita bajó la cabeza y cerrando los ojos nos habló...
De lo que nos dijo la chiquita en aquellos largos momentos, no pudimos sacar nada en claro, salvo que a cada uno le pareció alguna cosa diferente, porque si bien su voz era cristalina, un tanto aguda como corresponde a su edad, a mi me habló en catalán, otros que en castellano, así todos y cada uno de nosotros, quizás, llegamos a concluir, porque no pronunciaba palabra alguna sino que nos hablaba directamente al corazón...
Yo no puedo decir que les dijo a los demás, pero si puedo resumiros lo que yo creí entender que fue aproximadamente lo que sigue:
“Estamos en un momento muy crítico de la historia de la vida en la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debéis reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, sois una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común.
Debéis uniros para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. Para conseguirlo, es imperativo que vosotros, los pueblos de la Tierra, declaréis vuestra responsabilidad los unos hacia los otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.
La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, vuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero hasta hoy, la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida.
La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio.
El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra es un deber sagrado.
Hoy en día, los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de los recursos y la extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La injusticia, la pobreza, el hambre y la enfermedad, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Por todo ello, los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables.
La elección es vuestra: o formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidaros unos a otros o, arriesgaros a la destrucción de vosotros mismos y de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en vuestros valores, instituciones y formas de vida.
Debéis daros cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más. Poseéis el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir vuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimiento de una sociedad civil global, está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Vuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podéis proponer y concretar soluciones comprensivas.
Para llevar a cabo estas aspiraciones, debéis tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándoos con toda la comunidad terrestre, al igual que con nuestras comunidades locales.
Sois ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global, se encuentran estrechamente vinculados. Todos compartís una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su máxima amplitud.
El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivís con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza.
Necesitáis urgentemente una visión compartida sobre los valores básicos que brinden un fundamento ético para la comunidad mundial que ha de venir.
Por lo tanto, juntos y con una gran esperanza, debéis afirmar los siguientes principios interdependientes, para una forma de vida sostenible, como un fundamento común mediante el cual se deberá guiar y valorar la conducta de las personas, organizaciones, empresas, gobiernos e instituciones transnacionales:

1. Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad
2. Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.
3. Construir sociedades democráticas que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas
4. Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.
5. Proteger y restaurar la integridad de los sistemas ecológicos de la Tierra, con especial preocupación por la diversidad biológica y los procesos naturales que sustentan la vida.
6. Adoptar patrones de producción, consumo y reproducción que salvaguarden las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el bienestar comunitario.
7. Impulsar el estudio de la sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa aplicación del conocimiento adquirido.
8. Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.
9. Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisitos para el desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el cuidado de la salud y la oportunidad económica.
10. Defender el derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual, con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las minorías.
11. Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible.
12. Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz. “
La niñita se detuvo unos instantes y mirándome directamente al corazón continuó:
“Como nunca antes en la historia, el destino común os hace un llamado a buscar un nuevo comienzo. El proceso requerirá un cambio de mentalidad y de corazón; requiere también de un nuevo sentido de interdependencia global y responsabilidad universal.
Debéis desarrollar y aplicar imaginativamente la visión de un modo de vida sostenible a nivel local, nacional, regional y global. Vuestra diversidad cultural es una herencia preciosa y las diferentes culturas encontrarán sus propias formas para concretar lo establecido. Debéis profundizar y ampliar el diálogo global, puesto que tenéis mucho que aprender en la búsqueda colaboradora de la verdad y la sabiduría.
La vida a menudo conduce a tensiones entre valores importantes. Ello puede implicar decisiones difíciles; sin embargo, se debe buscar la manera de armonizar la diversidad con la unidad; el ejercicio de la libertad con el bien común; los objetivos de corto plazo con las metas a largo plazo. Todo individuo, familia, organización y comunidad, tiene un papel vital que cumplir.
Las artes, las ciencias, las religiones, las instituciones educativas, los medios de comunicación, las empresas, las organizaciones no gubernamentales, están llamadas a ofrecer un liderazgo creativo.
Que el vuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida”.
Cuando terminó su discurso, ninguno de nosotros se atrevió a abrir la boca, en los semblantes de todos se apreciaba el impacto profundo ocasionado por las palabras de la niñita...todos los ojos estaban clavados en ella...
Con la misma agilidad con que se había sentado, se puso de pié, a la lánguida y ahora escasa, luz de la fogata, llevó sus manitas hasta la altura de su corazón, las alzó con las palmas hacia el cielo, hasta llegar a su boca, nos sonrió una vez más con gran ternura, y nos lanzó un besito que a pesar de la distancia noté claramente, como una fresca gota de rocío, una caricia en la mejilla...
En ese mismo instante la visión desapareció... Como si nunca hubiese estado ahí...
Nadie quiso hablar en aquellos momentos, todos nos sumergimos en un estado de introspección, algunos cogidos de la mano, otros abrazados a aquellos a quienes tenían más confianza y afecto, como por arte de magia uno a uno, todos nos fuimos quedando dormidos, allí donde estábamos, y os aseguro que fue el sueño más cálido, reparador y vitalizante que he sentido en mi vida...
Nos despertaron las primeras luces del Astro Rey, era el día de Navidad, nos pusimos a preparar los desayunos, café con leche, chocolate, bocatas, el grupo era presa de una enorme alegría y felicidad, allí, en medio del bosque, en el corazón de la Fageda d’en Jordá...
Pronto los que venían de más lejos tendrían que marcharse, otros debíamos espabilarnos pues las familias nos esperaban para la comida de Navidad, en fin que en menos que canta un gallo, lo teníamos todo dispuesto...
Nadie se atrevió entonces a hablar de lo sucedido...queríamos hacer ver que nada había sucedido... necesitaríamos mucho tiempo para digerir el milagro del que habíamos sido testigos...pero...de vez en cuando, alguno de entre nosotros se dirigía al lugar preciso donde había estado sentada la niñita y cogía un puñado de aquella tierra bendecida y lo guardaba en un pañuelo para llevárselo de regreso a su casa, otros con disimulo acariciaban esa misma tierra acompañando ese gesto con un profundo suspiro de agradecimiento...
El regreso a la normalidad fue bien...nadie sufrió ningún contratiempo...mucho es lo que nos dio aquella KDD que jamás podremos olvidar...

Con afecto para todos los foreros, nombrados o no, con mis mejores deseos de PAZ, AMOR y SOLIDARIDAD!
Solstici d’hivern 2007.