dissabte, 17 de febrer de 2007

RUTES AMB EL COR III

EL VIEJO SABIO DE TAVERTET



<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Pues bien, hoy de nuevo me ha surgido la posibilidad de hacer una de esas saliditas turístico-traileras-culturales que tanto me gustan... hacía tiempo que quería redescubrir personas y paisajes que hace ya bastante tiempo me influyeron poderosamente... el lugar Tavertet, un pequeño pueblo situado entre les Guilleries, la Garrotxa, l’Osona y el Pre-Pirineu... el personaje..., un viejecito, muy, pero que muy sabio que vive en ese lugar apartado, pese a lo cual mantiene un clara influencia en los medios culturales, filosóficos y religiosos del mundo entero... y que conocí personalmente allá a mediados de los años 80 cuando yo era un flamante –y novatillo- profesor de la Universidad Libre de Barcelona y él, un ya consagrado filósofo, pensador y místico que acudía a la susodicha Universidad a dar algunas conferencias, de notable interés y afluencia de público... a pesar de que el Bassas aún no lo sacaba por Catalunya Radio.
Así que por la mañana y muy tempranito, he cogido la moto y me he puesto en ruta...
Rápidamente la primaveral atmósfera se ha apropiado de mi, el cielo, el sol, las pocas nubes en el horizonte, los colores preciosos, el olor de la tierra mojada -ayer llovió abundantemente-, todo se confabulaba para despertar mis sentidos...
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Ese color ocre de la tierra de alrededor de casa siempre me llama poderosamente la atención, esa misma foto me la hice con la Transalp por estas mismas fechas, fue de las últimas que le hice, antes del accidente, por eso hoy he querido repetirla como en un gesto de desafío a la superstición...
El camino hacia Tavertet desde Viladrau es sencillo, curvas, curvas y más curvas, pequeños pueblecitos de nombres que parecen sacados de la Tierra Media Tolkeniana: Tavernoles, Folgueroles, Roda de Ter, Santa Maria del Corcó, mucho más conocido como -L’Esquirol- que fué el único pueblo de toda Catalunya que no secundó la Huelga General convocada a raíz de los despidos en la Canadenca, la Cía. Que suministraba electricidad a toda Catalunya... en las cercanías de Tavertet se encuentran los no menos encantadores de Can Toni Gros y Rupit que merecerán otra salidita...
Los paisajes y las vistas son suaves y dulces, la carretera en buen estado y no demasiado frecuentada, los días laborables claro!...

En Sta. Maria del Corcó, hay que tomar un desvío que nos llevará directamente hasta Tavertet, en donde muere la carretera, justo en el borde de unos impresionantes precipicios que ya os mostraré más adelante...
Son 13 Kms. Preciosos que vale la pena recorrer con atención, conforme avanzamos la suavidad y dulzura anteriores se van transformando en algo mucho más espectacular...

y de una sobrecogedora belleza...
Allí en Tavertet, vive refugiado Raimon Panikkar...
que es –para quienes no lo conocéis- toda una autoridad internacional en espiritualidad, historia de las religiones y diálogo intercultural, cuya obra, traducida a varios idiomas aparece en las bibliografías de las más importantes universidades del mundo.
Nacido en Barcelona en 1918, hijo de un industrial indio radicado en Cataluña y de madre catalana amante de las artes. El padre fue a Inglaterra a estudiar ingeniería química, y en 1916 fue a trabajar a Barcelona donde se casó y se quedó. Panikkar es un título nobiliario del sur de India, designa la casta malabar más alta, en Kerala.
Raimon Panikkar es Doctor en Filosofía (Madrid), en Química (Madrid) y en Teología (Roma). Ha enseñado en las principales universidades de América, Europa y la India. Universidades de Madrid, Montreal, Varanasi, Bangalore, California (Santa Barbara) y otras. En 1954 dejó Europa para ir a la India, donde fue investigador en las universidades de Mysore y Varanasi. En América Latína dictó cursos de filosofía, cultura y religiones de la India por invitación especial del gobierno Indio. Entre 1960 y 1963 vivió en Roma siendo nombrado Libero Docente de Filosofía de la Religión en la Universidad de Roma. En 1966 fue nombrado profesor de la Universidad de Harvard y durante las dos décadas siguientes dividió su tiempo entre la India y Estados Unidos.
Amigo de Habermas, de Hans Küng y de algunos de los más importantes filósofos actuales con los que coincide a menudo en simposios internacionales. Raimon Panikkar es un pensador experto en conciliar posiciones aparentemente inconciliables. Su estudio se basa en la cultura India, en la historia y en la filosofía de las religiones. Se ordenó sacerdote en 1946 y fue uno de los miembros relevantes del Opus Dei, no sin algunos incidentes con el fundador de aquella institución José Maria Escrivá de Balaguer, posteriormente la abandonó.
Hoy se considera, además de católico, hinduista y budista.
Es autor de más de 40 libros en diversos idiomas y de unos mil artículos que abarcan desde Filosofía de la Ciencia a Metafísica, Religiones Comparadas e Indología. Es presidente de la organización no gubernamental INODEP (París), del Center for Crosscultural Religious Studies (California), fundador y presidente de Vivarium, una fundación dedicada a promover el diálogo intercultural, del Centre d’Estudis Interculturals de Catalunya, de la Sociedad Española de las Religiones (Madrid), y es miembro del Institut Internacional de Philosophie (París) y del Tribunal Permanente de los Pueblos (Roma), entre otras organizaciones. Participa en el consejo de numerosas publicaciones académicas, de algunas de las cuales fue fundador. Ha sido profesor invitado de más de 100 universidades y ha dictado conferencias en los cinco continentes, entre ellas las Gifford Lectures 1989.
En 1972 fue nombrado catedrático de Filosofía Comparada de la Religión en la Universidad de California de la que es emérito desde 1987. Actualmente reside (desde 1982) en Tavertet, una zona rural del Pre-pirineo catalán, desde donde continua desarrollando su obra.
Entre sus publicaciones cabe destacar: Invisible Harmony (1955); Il ?daimon? delle politica (1955); The Vedic Experience (1977); The Intra-religious Dialogue (1978) y Myth, Faith an the Hermeneutics (1979); Der Wahrheit eine Wohnung bereiten (1991).
En castellano ha publicado entre otras: La trinidad y la experiencia religiosa (1989); El Cristo desconocido del hinduismo (1994), Ecosofía (1994), Paz y desarme cultural 1993; El silencio de Buddha. Una introducción al ateísmo religioso (1996), La experiencia trantropocósmica. Filosofía y Mística. Invitación a la Sabiduría. La plenitud del hombre. Elogío a la sencillez (1993). La experiencia religiosa de la India (1997). Iconos del misterio, etc.
La plaza Mayor y una de sus calles... al fondo el Mirador...
Recuerdo de aquellos años fragmentos de alguna conversación robada, antes o inmediatamente después de alguna de sus conferencias, imágenes que de alguna manera quedaron grabadas de manera inalterable en mi memoria... pero ésto és otra historia de la que hablaremos más adelante... En el preámbulo de uno de sus libros escribió:
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Opinión personal sobre si mismo.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

No puedo escribir sobre mí mismo. En primer lugar, por que no soy capaz. Ni siquiera tengo una lengua propia. En segundo lugar, soy demasiado consciente de que, si lo intentara, el yo acerca del cual escribiría no sería el yo que soy, puesto que soy un sujeto y no un objeto. En tercer lugar, escribir sobre aspiraciones y decisiones es como hacer proyectos. Puede ser interesante para los amigos o para las personas con las que tengo una relación personal, pero su interés se limita a este ámbito.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Y sin embargo escribo. No sobre mí mismo, sino que me escribo a mí mismo. Todo aquello que escribo es, al menos, una parte de mi yo. Todo lo que escribo es autobiográfico. Sólo pongo por escrito pensamientos que yo mismo he pensado como palabras. Yo mismo soy aquello de que escribo y escribo como alguien que habla.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Soy especialmente sensible a dejar que la palabra hable, a permitir que el lenguaje se desarrolle a sí mismo. El yo que también reside en el lenguaje (y que es diferente del ego), habla y se revela a sí mismo en la medida en que dice lo que ha de decir. Por eso el yo no se expresa completamente, y el proceso de devenir lenguaje no se produce automáticamente. El yo tiene necesidad de mí como de un mediador necesario. Soy un elemento activo de esta revelación; gran parte depende de mi transparencia, además de mi atención y otros factores.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Recuerdo un ideal: cada párrafo que escribo, cada frase, debería reflejar, en la medida de lo posible, toda mi vida y ser expresión de mi ser. Se debería reconocer mi vida entera en una sola frase, del mismo modo que puede reconstruirse el esqueleto completo de un animal prehistórico a partir de un solo hueso.
Os pongo intercaladas algunas imágenes del pueblecito de Tavertet para que el rollazo os sea más llevadero, hoy en día Tavertet se ha puesto de moda, es un lugar de casas bien para millonetis, pero a pesar de todo es un pueblo con encanto, al que deberíais acudir, por lo menos los que vivan en Catalunya...
La Iglesia Románica, guarda en su interior un precioso crucifijo románico policromado. Aunque nunca he participado en una guerra ni he hecho ningún servicio militar o paramilitar, mi vida está marcada por las guerras. Mi nacimiento coincide con el fin de la Primera Guerra Mundial. Más tarde, en 1936, la Guerra Civil española interrumpió mi vida, no sólo externamente, sino también interiormente. Muchos de mis compañeros de escuela estaban en uno u otro frente; algunos perdieron allí la vida. Tres años en la Alemania nazi, hasta dos meses antes de que estallara la guerra en septriembre de 1939, me hicieron ver la brutalidad de tales regímenes militares. Al volver de nuevo a España, sufrí al saber que muchos compañeros de estudios estaban dispersos en diversos frentes y que ciudades enteras, que conocía, habían sido bombardeadas. La dictadura fue otra experiencia.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Los más de diez años de mi vida a orillas del Ganges, durante los cuales viví la condición humana en su forma más desnuda, influyeron profundamente en mi vida. Descubrí que la humanidad es plural, que el etnocentrismo occidental es sólo una perspectiva, casi minoritaria. Vi cómo puede vivirse la vida en plenitud cuando hay fe, aun con muy pocas comodidades.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Durante más de un cuarto de siglo, mi estancia en el mundo indio me confirmó aquello que desde mi infancia había sido un vago sentimiento: la identidad humana es transcultural y no puede tener, por tanto, un solo punto de referencia.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

La actividad académica en Estados Unidos me enseñó, una vez más, lo diferente que es el Nuevo Mundo de la vieja Europa y lo incomesurable de Oriente cuando quiere ser medido con patrones occidentales, o viceversa. Otro cuarto de siglo lo repartí entre una de las ciudades más ricas del Estado más rico de la nación más poderosa y su contrario (a doce horas de viaje), una de las ciudades más caóticas en uno de los Estados más subdesarrollados? de uno de los países más pobres del mundo: entre Santa Bárbara, en California, en los Estados Unidos, y Varanasi, en Uttar Pradesh, en la India. Mi vida interior era, literalmente, el único punto de unión entre dos esferas de mi vida.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Sin estas experiencias u otras comparables es prácticamente imposible superar la creencia moderna de que el desarrollo humano ha seguido una sola línea y que ésta culmina en las conquistas universales del homo technocraticus.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

No me he sentido entre Oriente y Occidente, sino en el medio, en sus versiones hindú/buddhista y cristiana/secular, que han pasado a formar parte de mi universo personal. Respecto a las anécdotas y a las llamadas experiencias religiosas de mi vida, prefiero mantener silencio.
Desde el mirador las vistas són fascinantes:
A continuación os transcribo algunos fragmentos de una conversación mantenida con Raimon Panikkar en una visita que le hicieron unos compañeros de la Facultad de Filosofía no hace mucho tiempo...
Conversación con Raimon Panikkar
“La casa de Raimundo (así llamado por sus amigos) se llama Can Felo; es una de las últimas del pueblo. Tavertet nos pareció muy bonito, por eso queremos volver para verlo de día. Las calles son como las de la Edad Media, de piedra y estrechas. Las casas son pequeñas, con tejados inclinados para la nieve, muy bajas (más o menos de dos plantas) y recubiertas de enredadera verde. Nos pareció un pueblo de muñecas...
Picando –llamando- en el cristal de una ventana apareció una mujer ya mayor; con unas señas, nos dio a entender que debíamos ir por delante para entrar. Así fue que cuando vimos la casa por delante, todos exclamamos, oh!; una inmensa biblioteca se presentaba ante nuestros ojos. ¡Qué biblioteca!. Una casa de madera y muy sencillamente decorada era el hogar de Raimon Panikkar...
Cuando Pablo empezó a hablar, explicó las razones por las cuales nos encontrábamos ahí. A todos nos inquieta la sociedad actual, somos críticos con ella y consideramos difícil vivir espiritualmente dentro de un ambiente que parece que lo único que valora es el materialismo. La consecuente pregunta fue, ¿cómo vivir en estas condiciones?, en otras palabras, ¿cómo vivir espiritualmente en una sociedad materialista?
Respuesta: Todo pez que nade contra corriente está vivo?. Dando a entender que ser críticos con la sociedad es bueno.
Dije yo: sí, pero, la resistencia del agua a uno le agota; ir constantemente contra corriente es fatigoso. A modo de respuesta, una parábola de Kant sobre las palomas: Sin la resistencia del aire, las palomas no podrían volar. Si no existiese el aire, las palomas no podrían volar porque las alas no ejercerían ningún tipo de resistencia con el aire y por tanto no podrían elevarse, como los aviones. Lo ideal sería convertir las dificultades, el aire, en oportunidades, poder volar. Lo ideal es estar cómodo en una situación, cómodo con uno mismo para poder ser constante en una tarea, un camino, una actividad.
El sabio taoísta Zhuang Zi decía, cuando las ropas están hechas a nuestra medida, no somos conscientes de ellas, tampoco nos damos cuenta de que lo llevamos puesto. Del mismo modo, el hombre perfecto tampoco es consciente de sí mismo ya que, por así decirlo, es completamente transparente y no se interpone en su propio camino?.
Para poder avanzar no podemos basar todo nuestra energía en un esfuerzo controlado por la voluntad, ello significa un sacrificio permanente; debe fluir (como en el Tao), debe surgir fácilmente de nuestro interior. Es difícil, pero si se consigue, lo más heroico surge sin esfuerzo. En Las enseñanzas de Don Juan, Carlos Castañeda nos dice que el camino correcto es el que no está lleno de obstáculos para el caminante porque es su camino.
Vamos a ver... la gracia está en la sabia combinación entre, ir contra corriente pero de tal manera que estemos cómodos con nosotros mismo, como lo está el ojo o la oreja de nuestro cuerpo que no sentimos, para mantenernos constantes, fluyendo como lo hace el agua; Lao Zi utiliza la noción de wu wei. Wu significa no y wei forzamiento, acción, esfuerzo, actividad. Wu wei sería no forzamiento. Llevar a cabo todas las cosas sin forzarlas pero aprovechando las dificultades como oportunidades para fluir.
Raimon nos habló de una tercera dimensión de la existencia a lo largo de toda la conversación, pero sólo hasta el final le preguntamos qué quería decir con una tercera dimensión de la existencia. La primera es la dimensión de lo racional, la segunda, la dimensión de lo sensorial (la de los sentidos, lo que percibimos por ellos), y la tercera dimensión, es la interrelación existente entre todo lo que existe. Las relaciones entre lo cognitivo y lo empírico. Ésta está en entender las relaciones, gracias al pensamiento y a la capacidad de percepción. Es la dimensión mística o espiritual. En su libro Invitación a la sabiduría (citado en la bibliografía, páginas 88-91) describe esa tercera dimensión:
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

La mística: Si el primer centro engloba lo moral, el segundo lo psicológico y el tercero lo óntico, debemos hablar ahora de lo místico. Hay que ser prudente con el término «misticismo», ya que existe el peligro, como en un juego de palabras inglés, de que comience con mist (niebla) y termine con schism (escisión). Las cosas más sublimes y refinadas del mundo son aquellas que pueden corromperse más fácilmente. El auténtico misticismo, en cambio, pertenece a la armonía del no-saber, a la paz interior y a aquella permanente alegría que tan fácilmente puede convertirse en cinismo, indiferencia o inhumanidad.
Ufff... despues de ésta parrafada que se ha de digerir con calma, cosa que os recomiendo a todos, menos a los que ya hace rato que han dejado de leer, a que viene de gusto una cervecita fresca, o una cocacolita heladica, y por que no un cigarrito, eh?
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

¿Qué significa la palabra «mística»? –continúa- Podemos utilizar la analogía del «tercer ojo». En la tradición griega se afirma, desde Platón, que la realidad puede conocerse a partir de lo empírico, es decir, a través de los cinco sentidos: vista, tacto, gusto, olfato y oído. La aisthesis es decir, la percepción sensible es una característica humana indispensable para toda práctica espiritual. Prescindir de ella puede traer graves consecuencias. La sensibilidad no es solamente humana, sino una parte constitutiva de la realidad. En ella reside la belleza.
Kosmos significa al mismo tiempo ornamento y mundo. Según la tradición grecoortodoxa del cristianismo, especialmente vinculada a la filosofía precristiana, el primer atributo de Dios es la belleza. Si alguien pierde la capacidad sensorial, está perdido.
Pero la sensibilidad ha de estar compenetrada no sólo complementada con el intelecto, con el nous, con lo espiritual, con el pensamiento, con nuestra consciencia intelectual. Cuando se da esta compenetración, podemos desarrollar nuestra sensibilidad, nuestra voluntad y nuestro pensamiento. El hombre es un ser sintiente, pero también un ser racional. No podemos menospreciar la dimensión intelectual de la persona; la razón tiene sus derechos, discutirlos sería suicida.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Entre las múltiples y variadas opciones que ofrecen los incoparables alrrededores de Tavertet, escalada, senderismo, Baumas –cuevas, galerías-, arqueología, gastronomía, etc., tambien se encuentra la del trail, por una pequeña pista forestal que lleva hasta el mismísimo Rupit, creo que unos 30 maravillosos e irrepetibles Kms. De los que yo os invito a realizar una primera etapa hasta Can Toni Gros a unos 15 Kms. De Tavertet, os iré intercalando alguna imagen...


Ahora que veo esta fotografía, si os fijais en el fragmento del Pantà de Sau que podéis ver, se aprecia el dique de la presa, allí comienza la pista que conduce a los muy audaces, desde allí abajo, hasta muy cerquita de donde está tomada ésta foto...
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

No obstante –prosigue Panikkar-, algunas culturas han reducido la imagen del hombre y el concepto de realidad a dos dimensiones. Este es el peligro inherente a toda civilización tecnocrática. Gente de todas las épocas, incluso de aquellas culturas con un modelo de pensamiento dual, nos recuerdan la existencia de un tercer ojo que nos abre a una tercera dimensión de la realidad. Siguiendo a Platón, podríamos llamar a la primera dimensión ta aistheta; a la segunda, ta noeta. y a la tercera, ta mystika: lo místico. Tenemos un tercer «órgano», que, al igual que los demás, nos conecta con la realidad. La dimensión material y espaciotemporal de la realidad corresponde a los sentidos. La dimensión intelectual de la realidad, tan real como la física, corresponde al intelecto, al nous. Al decir, por ejemplo, «justicia» o «verdad» expresamos también una fuerza física, ligada a los sentidos, que crea la realidad. Pero existe también esta tercera y complementaria posibilidad de percepción de una dimensión de la realidad, de otro modo invisible. Es lo místico, lo indecible, lo inefable, aquello que, si necesitamos denominarlo de algún modo, llamamos «nada» o «la nada».
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

La relación de esta tercera dimensión con la segunda es análoga a la relación entre ésta y la primera. El hombre no puede tener una percepción sensible que no esté de algún modo relacionada con lo intelectual o la consciencia. De la misma manera no se puede tener ninguna percepción intelectual sin que al mismo tiempo se haga presente la tercera dimensión, haciéndonos sentir que en la dimensión intelectual «hay más» de lo que nuestra razón puede captar. Con el intelecto, el ser humano intuye que la realidad, en todas sus formas, tiene una profundidad insondable. De la misma manera advierte que esta realidad podría ser distinta. Infinitud y libertad son dos experiencias humanas primordiales que presuponen la razón, pero que al mismo tiempo la trascienden.
Me encanta el color de la Ginesta, no sé, o no recuerdo, como se llama en castellano (retama?), pero un día un hombre del campo me comentaba que esa planta era la avanzadilla del bosque, como resulta que no es apetecible para el ganado, el resto de árboles y plantas van creciendo tras su protección, extendiéndose...
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Nuestros tres «órganos», puertas de percepción de la realidad, están indivisiblemente unidos. Cuando pienso, mi cerebro está implicado. Cuando siento, está implicada mi conciencia intelectual. También el tercer ojo está siempre presente. La realidad no se deja reducir a dos dimensiones. La función del tercer órgano es profundizar en los otros dos. La mística se ha desprestigiado, y con razón, cuando se ha querido hacer de ella una especialidad separada de las demás dimensiones de la vida.

Ese pueblecito que se insinua entre las colinas es Can Toni Gros y hasta él nos llevará la ruta de hoy.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Como podéis ver no es que sea muy valiente, no me atrevo a acercarme demasiado al acantilado, no se si se le puede llamar vértigo, pero las alturas me dan respeto, trato de mantener una distancia de seguridad que sé excesiva, pero ni quiero, ni puedo evitarla...
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Debemos –prosigue- intentar capturar la belleza de lo que nos rodea sin esperar nada de ella. Observar una cara bella sin intentar poseerla. Estar alegre por la simple contemplación de la belleza.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Esta manera de contemplar nuestro derredor me recuerda al Budismo Zen o al Taoísmo. En el libro de Alan Watts, Taoísmo, éste, nos insta a observar lo que sucede a nuestro alrededor adoptando una actitud en la que debemos simplemente permanecer allí, sin juzgar ni positiva ni negativamente, simplemente formamos parte de las circunstancias, del Universo. Sería como estar en una estado meditativo en el que no perseguimos ningún objetivo, simplemente estamos, existimos, pero nada más.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Watts nos dice: Escuchen el mundo real que se encuentra detrás de las palabras, una escucha que les permitirá adentrarse en el mundo real en el que no existen distinciones, porque todas las distinciones son creadas por el pensamiento. Tampoco existe, por así decirlo, ninguna identidad. El universo es simplemente tal como es. Cuando miramos sin nombrar, es decir cuando dejamos de decir: esto es una cabeza, eso una cara, esto es el cabello y eso es una mano, el mundo empieza a convertirse en un lugar muy diferente porque, en el mismo momento en que decimos “esto es una mano”, estamos dejando de ver la mano. Pero si miramos realmente una mano y no pensamos en ello, se convierte en algo milagroso. No obstante, no podemos forzarnos a no pensar, no podemos echar los pensamientos de nuestra mente.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Ahora bien, podrían preguntarme: ?¿Cómo es posible aprender a escuchar así? Porque yo pienso de manera compulsiva y no puedo dejar de hacerlo?. No empiecen, por tanto tratando de despojarse de sus pensamientos. Eso, según los taoístas, sería como tocar el tambor mientras se persigue a un fugitivo. Del mismo modo, si tratamos de dejar de pensar, acabamos pensando en dejar de pensar, lo cual genera una gran confusión. Lo que hay que hacer es dejar que la mente piense lo que quiera pero, en lugar de prestar atención al significado de las palabras que conforman los pensamientos, hay que tornarse consciente del sonido de las palabras. Escúchenlo todo como una mera sucesión de sonidos (A.Watts).
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Así, la belleza, la observamos sin generar ningún tipo de pensamiento al respecto.
Hablando de la contemplación de la belleza, sencillamente dejándoos llevar, probad, probad
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Una de las preguntas a raíz de la conversación fue ¿Cómo cambiar el sistema?, ¿cómo cambiar las cosas y la situación actual? Su respuesta fue RENUNCIANDO.
Su cara se puso seria, tensa; frunció el ceño y guardó silencio varios segundos... tras una breve pausa comentó fijando la vista en la mesa, el mundo actual está peor que nunca. 1500 personas mueren al día por causa de guerra, 500 personas son mutiladas por las minas cada día. Hambre, enfermedades curables que ocasionan miles de víctimas porque no tienen acceso a medicamentos demasiado caros...
Tras unos meses de reflexión sobre esta respuesta uno empieza a entender o por lo menos a ver las dificultades que se nos presentan que no son pocas, pero que es posible. Nos dijo que hay que saber renunciar para ser LIBRE.
¿Qué prioridades tenemos en la vida?, ¿qué es lo más y menos importante para nosotros?. Analizar qué ganamos y qué perdemos en cada decisión que tomemos que implique cambios sustanciales en nuestras vidas. Pensar a largo plazo, no a corto, porque de lo contrario nos volvemos miopes y podemos entrar en una dinámica que nos aporte más sufrimiento que no satisfacción, no digo felicidad porque este término es muy abstracto, no se concreta en nada, no me gusta. Prefiero, satisfacción, que a mi entender tiene que ver más con la plenitud, sentirse realizado, orgulloso de uno mismo, sereno, pacífico...
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Renunciar a comprarnos el último modelo de teléfono móvil, a cambiar de coche, por ejemplo, renunciar a comprar si no existe una verdadera necesidad. En términos económicos, habría que invertir más que gastar. La sociedad actual nos induce y lo hace bien, para esto está el marketing que identifica las necesidades o incluso las crea, más esta última opción que la primera, empujándonos a comprar cosas que en el fondo no nos hacen ninguna falta. Renunciando a un mayor consumo para ganar en libertad y en salud (no tener ansiedad por comprar, por ganar más dinero para poder comprar). Dice un proverbio chino, ?quien con menos se contenta más contento está?.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Tal vez deberíamos replantar nuestro estilo de vida actual, reflexionar sobre la tendencia que sigue está sociedad, que sin duda nos reporta mayor calidad de vida material, salud física, mayor oferta de productos y servicios de los cuales podemos beneficiarnos a un precio mucho más bajo que hace varias décadas, pero creo que hay una serie de preguntas a la cuales deberíamos responder francamente, ¿viviendo en las condiciones de vida que nos ofrece esta sociedad, estamos realmente satisfechos con nosotros mismos, vivimos en paz con nuestro interior, tiene nuestra vida algún sentido más allá del que hacer cotidiano?¿somos capaces de perdonar, de escuchar cuando mantenemos una conversación?
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

La sociedad actual es sumamente SUPERFICIAL, carece de toda coquetería interior. Ya no existe ese interés por aprender, por cultivarse uno mismo, por hacer una obra de arte de uno mismo. Hemos perdido esa femenidad que todos llevamos dentro, esa coquetería interna. El culto a la persona y al interior se ha perdido. Uno debería HACER UNA OBRA DE ARTE DE CADA UNO. Sócrates nos insta con este aforismo: La vida examinada es la única que merece ser vivida. Pero este cultivo interior no puede venir de la voluntad, no puede suponer un esfuerzo muy duradero porque entonces fracasaremos en el intento. Esa energía tiene que venir del propio interior, tiene que ser como el amor de madre/hija, ese amor no es voluntad es algo más. Pues ese interés por aprender, cultivarse tiene que ser el mismo tipo de sentimiento y energía.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

En la línea del desarrollo personal y el aprendizaje hizo un símil entre el crecimiento de una planta y el del ser humano. Así, dijo: Para que las plantas crezcan es necesario que tengan tierra, que se les riegue con agua, pero tampoco con mucha. Todas las plantas crecen en direcciones distintas, sus raíces se expanden por distintos caminos y todas crecen a ritmos diferentes, más rápidos o más lentos, pero todas al final se desarrollan. Cada ser humano tiene un ritmo de crecimiento diferente y hay que respetarlo porque al igual que no podemos estirar a una planta para que ésta crezca más rápido, no podemos forzar el desarrollo de una persona para que aprenda más rápido porque al igual que una planta sin más se rompería por la tensión, al ser humano le sucedería lo mismo. Tanto la planta como la persona tienen una resistencia y cuando se franquea ese límite se rompe. Pero eso sí, no hay que olvidarse de regar continuamente para absorber los minerales del agua y el agua en sí. Recuerdo que le pregunté, sí, pero, y, ¿con qué tipo de agua hay que regar a la planta? Mi memoria no alcanza a recordar la respuesta.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Cada Ser tiene un ciclo vital, una evolución que viene dada por la naturaleza y que por lo tanto es preciso respetar. El ciclo vicioso se rompe con el ciclo vital.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Existe una especie de bucle entre el conocimiento de los demás y el autoconocimiento. Si yo conozco a los demás me conozco más a mi mismo y a la inversa, si me conozco bien a mi mismo podré conocer mejor a los demás porque en el fondo somos seres humanos iguales, con sentimientos y limitaciones.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Deberías meditar un rato cada día, pero no meditar en sentido de sentarse y contemplar, sino entendida como reflexión. Es necesario estar cada día un rato en silencio con nosotros mismos para reflexionar, para sentir la soledad y conocernos más a nosotros mismos. Estar atentos a lo que sucede en vuestro interior.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Y todas esas reflexiones las recordaba yo, hoy mismo en lo alto de aquellas peladas rocas, rodeado de vacas, ovejas y rapaces que jugaban, o bailaban en las corrientes de aire... Y eso se lo debía hoy a mi querida “Llibertat!” que una vez más me daba las alas que todos necesitamos para volar...
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

Nosotros somos responsables en un 75% de nosotros mismos. El otro 25% se debe a la genética, al karma o llamémoslo como queramos. Por lo tanto, somos responsables de nosotros mismos, las decisiones no son difíciles. Somos responsables de la mayor parte de nuestros actos y decisiones. Sólo nosotros podemos hacer una obra de arte de nosotros mismos. Deberíamos intentar no adoptar caretas en función de la situación y la gente con la que estemos. Deberíamos ser como somos ante cualquier situación y evitar ponernos una careta para falsear quienes somos. no deberíamos asumir roles.
Cuando se habla de reencarnación y se dice que uno se ha reencarnado, no es la persona que se reencarna en otro ser. El concepto de reencarnación está muy asociado con el individualismo. No somos nosotros los que nos reencarnamos. La sociedad occidental es muy individualista y ha asociado reencarnación con él mismo.
Bueno, pues se va acabando mi crónica de la salidita de hoy... Pero antes me viene a la memoria una de las mejores reflexiones que recuerdo de nuestro personaje:
Sobre la vida y la muerte
El en un tiempo famoso Libro de los veinticuatro filósofos dice que “Dios es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna”. No se puede concebir a Dios como separado del mundo –y por ende ni al mundo separado de Dios. No hay centro sin circunferencia ni circunferencia sin centro.
En una discusión con Prigogine, muy preocupado por el problema del tiempo, yo le decía que hablar de “después del tiempo” o de “antes del tiempo” es una contradicción. La eternidad no viene después del tiempo... En una buena interpretación de la escatología cristiana, el juicio particular (en el momento de mi muerte) y el juicio final (presuntamente “al final de los tiempos”) coinciden.
Mi juicio va a ser mi juicio al morir, ¡no voy a tener dos! Pero el problema es que la muerte está ahí, ante nosotros, con toda su realidad problemática. ¿Cómo solucionar la aparente contraposición entre la muerte y la continuidad de la vida?
A esto quiere responder mi metáfora sobre la gota de agua que cae al mar, que sería el morir, como describen tantos poetas orientales y occidentales. Ningún hombre puede hacer la experiencia de la muerte, sino sólo imaginarse el morir y experimentar el dolor por la muerte del ser amado. Si nos empeñamos en ser sólo gota, al fundirnos en el mar nuestra gota desaparece. Pero si nos descubrimos no como gota, sino como agua, comprendemos que nuestra agua no desaparece, ni siquiera deja de ser “esta agua”. El concepto agua no tiene límites ni fronteras, pero se trata de nuestra agua concreta y no de un concepto. “Vita mutatur, non tollitur”, canta la liturgia cristiana. No es un burdo panteísmo, como se achaca a la idea hindú de la transmigración de las almas; es algo mucho más sutil. La gota es el individualismo; el agua es nuestro verdadero ser.
La tempiternidad viene a manifestar que el ser y el tiempo están interrelacionados, de tal modo que no hay nada que permanezca sin ser tocado por el tiempo, ni siquiera la eternidad. “La realidad no se agota en la temporalidad: no es ahora temporal y después eterna, sino tempiterna, todo en uno”.
<!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]-->

El regreso a casa rapidito por carretera, no sin antes parar –más que nada por el ritual y por no perder las buenas costumbres, en un bareto de ambiente motero D’Pas a la entrada de Roda de Ter...
Al fondo de la imagen podéis ver las altas mesetas de las que venimos...
Con muy buen sabor de boca y el deseo de volver por allí, engrané primera, segunda... tercera... arrullado por el grave ronroneo del motor, armonizado por las dulces resonancias del Leo Vince...